27 de agosto de 2015 00:00

El cerro de Montecristi revela su flora y fauna de bosque seco y húmedo tropical

Los sábados y domingos son los días que se pueden realizar caminatas hacia el cerro. Foto: Patricio Ramos/ EL COMERCIO.

Los sábados y domingos son los días que se pueden realizar caminatas hacia el cerro. Foto: Patricio Ramos/ EL COMERCIO.

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Patricio Ramos

La neblina aparece por las noches y madrugadas en el milenario cerro de Montecristi, ubicado en la parte alta de la tierra del viejo luchador, el expresidente Eloy Alfaro Delgado.

El macizo de 630 metros de altura sobre el nivel del mar, se ha convertido en los últimos 20 años en el sitio ideal para quienes gustan de las caminatas sobre paredes empinadas.

Los sábados y domingos son los días que se pueden realizar caminatas hacia el cerro, cuenta Daniel López, presidente de la Fundación Nueva vida, colectivo ecológico que se ha convertido en custodio del macizo.

Las caminatas empiezan desde las 06:00 y la mayoría de excursionistas -en promedio 300 por semana- buscan esos horarios para no quedar expuestos a las altas temperaturas cuando sale el sol.

Luis Villavicencio arribó a Ciudad Alfaro, ubicada al pie del cerro para iniciar su ascenso. Este es uno de los seis sitios por donde se puede acceder a los senderos que recorren la elevación. Él y ocho compañeros de trabajo de una empresa de ingeniería civil en Manta decidieron subir al cerro para desestresarse y estrechar los lazos de compañerismo.

Los sábados y domingos son los días que se pueden realizar caminatas hacia el cerro. Foto: Patricio Ramos/ EL COMERCIO.

Previo el inicio de la caminata, un guardia de Ciudad Alfaro revisa las mochilas de los excursionistas. Buscan que no lleven latas de atún. López cuenta que la revisión les permite retener las latas antes que inicien su recorrido y son depositadas en recipientes plásticos. Las latas de atún son arrojadas en los senderos y desde 2010 hasta la fecha han sido recogidas 5 000 unidades que contaminaban al cerro, asegura el custodio.

Después de la revisión empieza el ascenso. El sendero está lleno de tierra suelta, hay que caminar con cuidado para no resbalar. Tras 10 minutos de recorrido se puede apreciar que la flora dominante es la de palo santo, cactus, algarrobos, laurel, pechiche, arbustos secos, y moyuyo. López asegura que la cima del cerro está a 630 metros sobre el nivel del mar, según la última medición realizada hace dos años por los estudiantes de ecoturismo de la Universidad estatal del Sur de Manabí (Unesum).

Villavicencio y sus compañeros jóvenes de entre 23 y 30 años caminan rápido hasta que el sendero se torna más empinado. Hay que dosificar la energía, pues el camino es tan estrecho que solo cabe una persona a la vez. Las raíces del palo santo sirven para sostenerse cuando el trayecto se complica. Las pausas obligadas permiten observar una vista panorámica de Ciudad Alfaro y Montecristi.

En esos descansos se observa el vuelo de las guacharacas que por las mañanas buscan los abrevaderos de agua que existen en varios sitios del cerro, que es rico en fuentes subterráneas de líquido. En 40 minutos de camina se aprecia la tierra húmeda. A 400 metros de altura el clima cambia de seco tropical a húmedo primario y la vegetación es más verde; en el lugar la neblina es densa hasta las 10:00.

Los sábados y domingos son los días que se pueden realizar caminatas hacia el cerro. Foto: Patricio Ramos/ EL COMERCIO.

En la zona húmeda hay que caminar con detenimiento, por lo que se incrementa el tiempo de ascenso hacia la cima. Detrás del grupo de Villavicencio camina Adolfo Muñoz con cuatro amigos, quienes llegaron desde Manta y caminan por el cerro para tomar fotos de los cactus que existen en el lugar. Esta pequeña montaña se ha convertido en el laboratorio viviente para que los estudiantes puedan conocer en vivo la flora y fauna del bosque seco y húmedo tropical, asegura López.

Transcurridos 180 minutos los primeros excursionistas llegan a la cima y entre ellos está Villavicencio. Parecía sencillo al principio, pero a medida que se avanzaba se presentaban las dificultades, como la tierra suelta, luego lo estrecho del camino, pero fue muy refrescante cuando pasamos del ambiente de bosque seco al de bosque húmedo.

Una vez en la cúspide donde existen cuatro cámaras de video vigilancia el caminante puede divisar una amplia vista panorámica de Montecristi. El descenso es más ligero pero hay que tener cuidado para no resbalarse y así evitar accidentes.

Los sábados y domingos son los días que se pueden realizar caminatas hacia el cerro. Foto: Patricio Ramos/ EL COMERCIO.

Para tener en cuenta

Donde se inicia la caminata en Ciudad Alfaro existe servicio de baterías sanitarias y una toma de agua al inicio del sendero para refrescarse

La fundación Nueva Vida aporta con cinco guías para los recorridos y las caminatas pueden ser autoguiables para jóvenes

Se aconseja llevar agua en botella y no arrojar el recipiente en el cerro

El 95% de los excursionistas llega de Manta y el resto es de Montecristi y Portoviejo

Las personas adultas recorren el cerro hasta en cuatro horas, va ritmo sostenido para evitar accidentes

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