18 de March de 2010 00:00

El censo en EE.UU. incluye a los inmigrantes

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Olga Imbaquingo. Corresponsal en Nueva York

La misiva de Robert Groves, director general de la Oficina del Censo de Estados Unidos, reza así: “Querido residente, en una semana usted recibirá el formulario del censo del 2010 por correo. Cuando le llegue, por favor llénelo y envíenos lo más pronto”.

¿Le escucharán los inmigrantes, en especial los indocumentados? Estos días los organizadores, las comunidades religiosas y los dirigentes políticos locales trabajan a contratiempo para convencerlos que participen en el conteo.



590 000 ecuatorianos
Unos 590 000 compatriotas viven en EE.UU., según las cifras del Pew Hispanic Center. A partir del 16 de abril y hasta julio, los empleados de la oficina del censo irán a golpear la puerta de las casas si los inmigrantes no han llenado el formulario y no lo han enviado por correo.
En las ciudades habrá formularios a disposición en las barberías, supermercados, bancos e iglesias del barrio. Las autoridades apelan a las familias de los inmigrantes en el exterior para que motiven a sus ciudadanos a participar en el censo.El censo del 2000 fue un fracaso en el conteo de indocumentados y prácticamente no se saben las cifras reales que viven en esa condición. Esta vez están empeñados en convencerlos que participen en lo que Ligia Jaquez, directora regional de Censo, llama el proceso más cívico que existe.

“No participar en el censo significa no beneficiarse de unos USD 400 000 millones que cada año se entregan para salud, educación, carreteras, vivienda”, dice Jaquez. De esto incluso se benefician los indocumentados, porque los hijos nacidos aquí tienen derecho a salud y van a la escuela.

O como dice el reverendo evangélico Rubén Díaz, la recolección de la basura y el arreglo de las calles y carreteras es para todos y son servicios que no observan el estatus migratorio de los ciudadanos.

El presupuesto para estos servicios, al igual que el número de senadores y congresistas se determina en función del número de habitantes. Si no se contabilizan todos, la planificación se hace en función de cifras incorrectas.

Esto será de beneficio en doble vía: aquí se sabrá cuántos son, de dónde vienen, dónde viven, qué hacen, la edad y cómo lucen. 

Ecuador, por ejemplo, sabrá con más certeza cuántos de los suyos viven en EE.UU. Ninguna de las preguntas del cuestionario pide respuesta del estatus migratorio que tienen. “Son 10 preguntas, que se pueden responder en 10 minutos y solo cada 10 años”, insiste Jaquez, que para aplacar el temor de los sin documentos jura que es información confidencial que no se va a compartir con el Servicio de Inmigración.

Y en caso de ocurrir está penada con astronómicas multas y cárcel por años. El mensaje es que si no quiere que a partir del 16 de abril  lleguen a golpearle la puerta unas seis veces, llene el formulario si gusta en inglés, coreano, mandarín, ruso o  en español.

Hay 13 millones de formularios en español lo cual Díaz agradeció, pues para él el censo del 2000 ignoró a los inmigrantes. El sacerdote Thomas Healy, cuya iglesia concentra a una mayoría de ecuatorianos en Corona, Queens, también está trabajando para que participen en el censo.

“En mi parroquia no tienen papeles y no se quieren censar, porque tienen miedo, pero me tienen confianza y si les digo que Inmigración no va a venir por ellos me van a creer”. La carta de Groves recuerda “que sin cifras realistas, el barrio donde vive podría no recibir el presupuesto justo”. Aun con esta invocación y esta intensa campaña, ecuatorianos como Ángel Aucanchela no saben que el censo ya está rodando. “Será de analizar bien y ver si nos conviene dar información o no”.

Pero José Gómez, otro ecuatoriano de la misma área de Corona, sí responderá al censo. “No tengo miedo y estoy consciente de qué se trata. Incluiré a mis hijos y llamaré a mis familiares para que también se censen”.

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