16 de septiembre de 2014 20:23

El cementerio indígena de Otavalo está en problemas

Las bóvedas del Cementerio Indígena de Otavalo fueron destruidas. Varios ataúdes quedaron apilados a la intemperie. Los deudos están molestos.  Foto: Washington Benalcázar / EL COMERCIO

Las bóvedas del Cementerio Indígena de Otavalo fueron destruidas. Varios ataúdes quedaron apilados a la intemperie. Los deudos están molestos. Foto: Washington Benalcázar / EL COMERCIO

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Redacción Sierra Norte 
(F-Contenido Intercultural)

María Susana Tabango, moradora de la comuna de Reyloma, llegó ayer a visitar las tumbas de sus familiares, en el cementerio Samasunchic (Descanse en Paz, en quichua), de Otavalo.

Pero se llevó una sorpresa al ver que las bóvedas, en las que se encontraban los cuerpos de su esposo, su suegra y sus abuelos, fueron demolidas.

Con los ojos llorosos recorría de una extremo a otro buscando a los administradores del camposanto. Sin embargo, nadie le daba una explicación.

Pero no fue la única que mostraba su malestar. Decenas de personas llegaron para verificar si las tumbas de sus deudos habían desaparecido o no.

Los visitantes se abrían paso entre los escombros amontonados de lo que fueron los nichos. También había restos de ataúdes, cruces y hasta huesos humanos tirados en el piso.

En Otavalo hay dos panteones. El Samasunchic, conocido también como Cementerio Indígena, y el Jardín de Oración o Cementerio Mestizo. Una pared divide los dos espacios, situados al sur de la urbe.

El primero es manejado, desde 1998, por la Unión de Organizaciones Indígenas de Otavalo. Aquí los residentes de 65 comunidades indígenas del cantón entierran a sus difuntos.
Ernesto Moreta, de Cotama, comentó que el presidente del Cementerio Indígenas, Jesús Cachimuel, le explicó que el domingo pasado se realizó una minga en la que participaron varias comunidades.

Ahí se habría decidido derrocar las tumbas que supuestamente estaban abandonadas.
Ayer, nadie sabía el paradero de Jesús Cachimuel y otros administradores de la necrópolis.

Moreta aseguró que incluso los familiares de los difuntos recolectaron los huesos que estaban tirados y los sepultaron en una fosa común.

Para Rocío Cachimuel, presidenta de la Federación de Indígenas y Campesinos de Imbabura, el problema es que no se informó a los dirigentes de todas las comunidades lo que se planeaba hacer.

Los familiares de los fallecidos, cuyas bóvedas desaparecieron, anunciaron que denunciarán el caso por el delito de profanación de tumbas. Hablaban de que habrían desaparecido aretes de oro, collares y pulseras de coral, con las que entierran, por tradición, a sus muertos. El lunes 22 habrá una asamblea para tratar el tema.

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