11 de junio de 2016 00:00

La cédula es la llave para ser parte de las Casas Somos

Somos, de ­Cotocollao, además de los cursos hay eventos. Un grupo de participantes realizó una representación por el Día del Niño. Fotos: Diego Pallero y Ramiro Aguilar/EL COMERCIO

Somos, de ­Cotocollao, además de los cursos hay eventos. Un grupo de participantes realizó una representación por el Día del Niño. Fotos: Diego Pallero y Ramiro Aguilar/EL COMERCIO

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Mayra Pacheco
Redactora (I)

Los moradores de Quito tienen una opción para aprovechar al máximo su tiempo libre. En las denominadas Casas Somos, conocidas anteriormente como Centro de Desarrollo Comunitario, se cuenta con una amplia oferta de actividades.

Las personas que asisten a estos lugares, en el día o por la tarde, pueden aprender costura, gastronomía, tejido, pintura, computación, idiomas…La agenda es variada, según las necesidades de los vecinos.

La programación se realiza en función de las demandas de los usuarios de cada sector, comentó María Belén Aguirre, directora de Participación Ciudadana de la Secretaría de Territorio del Municipio.

Por ejemplo, para este mes se han programado más de 44 actividades en las 40 Casas Somos. El propósito, según la funcionaria, es que la gente ocupe su tiempo libre en tareas productivas.

Para ser parte de una de las Casas Somos solo se requiere predisposición para aprender algo nuevo y contar con tiempo libre. El registro de los aspirantes a los cursos se realiza solo presentando la cédula de identidad del interesado o de los representantes, en el caso de menores de edad. Se puede acudir a cualquiera de estas ­casas, sin importar si esta se encuentra cerca o no del barrio del participante.

Estos lugares están abiertos de lunes a sábado, desde las 08:00 hasta las 18:00 en días ordinarios y en fin de semana de 08:00 a 16:30. La programación, en su mayoría, es gratuita. Pero hay cupos limitados, por cuestiones de pedagogía.

Los instructores son parte del Municipio. En el caso de actividades más especializadas se trabaja con la comunidad. Las personas que dictan cursos de lencería, cocina internacional, tejido, entre otros, cobran por cada clase un valor simbólico. El costo no supera el dólar (USD 1).

Las personas que han decido enseñar sus habilidades ven en estos sitios una alternativa para compartir con los moradores y formar emprendedores. Una es Angélica Cevallos, residente de Cotocollao y ama de casa con experiencia en elaboración de prendas de lana.

Ella acude cada miércoles a la Casa Somos del sector, en la mañana y en la tarde, para guiar a las aficionadas al tejido. Tiene cerca de 10 estudiantes, todas son mujeres.

Cevallos les enseña a sujetar los agujones y a transformar los ovillos de lana en gorras, bufandas, chales, sacos, ropa de bebé y otros. La instructora les comenta que las prendas confeccionadas pueden comercializarse, para tener un ingreso extra. “Así he aportado yo en mi hogar desde hace 40 años”.

La duración de las clases depende de la actividad. Pero, en promedio, los talleres duran unos tres meses. Al final, los participantes que han cumplido al menos con el 70% de las asistencias reciben un certificado, que puede servir para incluirlo en sus hojas de vida.

La oferta de actividades cubre las necesidades de niños, mujeres y hombres. Hay cursos de gastronomía, tejido, bailoterapia, lectura comprensiva, lógica matemática, tenis, danza… Pero también está planificado incluir este año talleres ocupacionales.

En estos, los interesados podrán aprender panadería, a arreglar teléfonos celulares y computadoras. Con esto se pretende que los participantes puedan desarrollar actividades productivas que les permitan generar recursos económicos.

En lo que va del año, las Casas Somos cuentan con 35 910
beneficiarios de los talleres que allí se dictan. Las personas que conocen de este servicio, generalmente, se vuelven ‘clientes frecuentes’.

Desde que Belén Campo, moradora de El Rosario, acudió por primera vez a una Casa Somos en el 2015, ha aprendido a elaborar bisutería, diseños en fómix, chocolates, adornos ­para el hogar, pastelería.

Actualmente está asistiendo a clases de tejido y ha invitado a las clases a una de sus sobrinas, Gabriela Campo, para que también desarrolle una des­treza nueva.

Para ir a sus clases, Belén se organiza en su hogar y luego de cumplir con sus tareas va a la Casa Somos de Cotocollao. Los conocimientos obtenidos en estos sitios le han permitido a ella obtener ingresos extras. Los productos que realiza los vende a sus amigos o conocidos. “Antes, mi tiempo libre lo utilizaba para ver telenovelas”.

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