12 de diciembre de 2016 00:00

Cuatro causas explican la desaparición de mujeres 

El 26 de noviembre, colectivos de mujeres y familiares de desaparecidos marcharon en Quito por la muerte de mujeres. Foto: Pavel Calahorrano/ EL COMERCIO.

El 26 de noviembre, colectivos de mujeres y familiares de desaparecidos marcharon en Quito por la muerte de mujeres. Foto: Pavel Calahorrano/ EL COMERCIO.

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Javier Ortega

En la casa de la familia Suárez las noches ya no son iguales. El insomnio y las pesadillas se repiten desde el 10 de octubre del 2016. Luzmila, la menor de la familia, desapareció ese día, con tan solo 18 años.

“Algo malo le pasó”, cree Jordan, su primo. No hay otra razón que explique la desaparición. El 2 de octubre, la joven dejó Quevedo, su ciudad natal, y se mudó a Huaquillas, a la vivienda de su tía.

Ella ganó un cupo en la Universidad Técnica de Machala para estudiar Medicina; obtuvo 826 puntos en el examen del Sistema Nacional de Nivelación y Admisión (Enes).

Ya en Huaquillas, el 10 de octubre, Luzmila salió de casa rumbo a Machala. Era una hora de viaje hasta la universidad, pero nunca llegó.

A 550 km de Huaquillas se ubica Selva Alegre, un barrio de Sangolquí, en el oriente de Quito. En ese lugar fue vista por última vez Nathaly Aguilar, de 13 años, otra joven que no ha vuelto a casa.

El rastro de la adolescente se perdió la noche del 28 de octubre. Salió de su vivienda por unos minutos, pero ya han pasado 45 días y no hay información ni pistas de ella.

Para su familia, la desaparición de la menor es completamente extraña. Su comportamiento nunca cambió. Por eso creen que a Nathaly la pudieron secuestrar o engañarla y llevarla a un lugar desconocido.

El último informe de la Fiscalía revela que entre enero y el 24 de julio del 2016 se reportaron 6 387 denuncias de desapariciones en el país. En el 67% de los casos fueron mujeres.

Entre enero y junio del 2015, se reportaron 10 863 casos. De las denuncias de este año, en cambio, los investigadores han localizado al 82% de personas. El resto sigue en investigación. La Fiscalía no ha presentado la tasa de este fenómeno.

Los fiscales advierten que detrás de la desaparición de mujeres hay un fenómeno de violencia de género. Se han documentado cuatro causas: agresiones sexuales, trata con fines de explotación sexual, problemas intrafamiliares o feminicidios. Eso lo corrobora también Tania Moreno, fiscal provincial de Pichincha.

La funcionaria recuerda el caso de Angie Carrillo, la universitaria que fue hallada sin vida el 4 de mayo pasado en Carcelén, en el norte de Quito. Su rastro se perdió dos años antes, el 28 de enero del 2014.

La joven estudiaba Medicina en Riobamba, pero ese día viajó a Quito para terminar la relación con su novio. Fue lo último que se supo de ella.

28 meses después, su expareja relató el crimen y el lugar en donde enterró el cuerpo de Carrillo. Él ahora guarda prisión.

Una situación similar ocurrió con Luz Meneses, extraviada el 6 de agosto del 2013 y hallada muerta casi tres años después, el 2 de junio pasado, en un terreno baldío ubicado en la Lucha de los Pobres, en el suroriente de Quito. Carmen Meneses, madre de Luz, asegura que detrás del crimen puede estar el exconviviente de su hija, un muchacho de 25 años que actualmente se encuentra prófugo. La joven, de 19 años, vivió dos años con él, entre los 16 y 18 años; pero regresó con su madre.

“Una vez que terminaron la acosaba, cuando salía del trabajo y en la casa donde vivíamos. La vigilaba para ver si llegaba con alguien; le rogaba que regresara. Ella no quería eso”, relata la madre.

La última vez que Carmen vio con vida a su hija fue la mañana de ese 6 de agosto del 2013. En la noche ya no la encontró en casa; llamó a su celular, pero no volvió a contestar.

Los forenses que localizaron sus restos advirtieron que tenía tres impactos de bala, en el tórax y la cadera.

Desde Quevedo, Jordan, el primo de Luzmila, recuerda la noche del 10 de octubre, cuando su tía llamó. Eran las 23:50, aproximadamente.

“Luzmila no llega. No sé qué pudo pasarle”, dijo. Desde entonces, los días no han vuelto a ser iguales para la familia.

Ellos dudan que la universitaria se haya ido por voluntad propia, como sugirieron los investigadores en un principio.

Los parientes comentan que la joven quería graduarse de médica y buscar una solución a los problemas de visión que padece. La universitaria, de 1,65 m y piel canela, tiene 52% de discapacidad visual.

En Quito, profesores y compañeros donde Nathaly Aguilar estudiaba tampoco creen que huyó de su casa. Su comportamiento en el colegio era normal. Los agentes no descartan que haya sido plagiada.

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