30 de agosto de 2016 14:01

Atención limitada a los males catastróficos

El hospital de Solca Manabí tiene 22 sillones de quimioterapia. La atención se normalizó 10 días después del sismo. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

El hospital de Solca Manabí tiene 22 sillones de quimioterapia. La atención se normalizó 10 días después del sismo. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

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Elena Paucar
epaucar@elcomercio.com

Una pared rota permite visualizar una nueva realidad. “Es tiempo de reconstruir y seguir la lucha contra el cáncer”. Mensajes de este tipo resaltan en paredes de madera que reemplazan -y ocultan- a otras de cemento, destrozadas.

El sismo de 7.8 grados que sacudió a Manabí destruyó parte del hospital oncológico Julio Villacreses Colmot, de Solca en Portoviejo. El edificio de cuatro pisos, donde funcionaban 100 camas de hospitalización, fue cerrado. Sus paredes colapsaron, la sala de Imágenes quedó destruida, incluso un ascensor se desplomó.

Ese 16 de abril, los 35 pacientes que estaban internados fueron trasladados de inmediato al parqueadero en camillas y cinco fueron a Quito. “Una opción era cerrar por tres meses hasta recuperarnos. Pero decidimos retomar la atención en menos de 10 días”, explica Santiago Guevara, presidente de Solca Manabí.

Así que, mientras los obreros avanzan en la reconstrucción del edificio, que no sufrió daños severos en sus 52 columnas, todos los servicios fueron trasladados a la planta baja.

En siete días lograron reubicar 65 camas en espacios como el comedor, el área de Docencia e Investigación dio paso a la sala de Pediatría, levantaron 25 consultorios tipo cubículos, el servicio de rayos X se trasladó al búnker de radioterapias y la farmacia ahora funciona junto a las escaleras de emergencia.

“Nos movimos por humanidad”, dice el director médico, Ángel Ganchazo. “Somos los únicos en atender casos de cáncer, cirugías, radioterapias y quimioterapias hospitalarias en la provincia”.
Dos días después del sismo, Letty Celorio tenía programada una quimioterapia, tratamiento que sigue contra el cáncer de mama que le diagnosticaron en enero. “En esos días hubo réplicas grandes. Los doctores nos sacaban con todos los equipos al patio y no dejaron de atendernos”.

Solca Manabí atiende cada día a unos 500 pacientes. Su reconstrucción costará cerca de USD 3,2 millones, monto que saldrá de su presupuesto anual de casi USD 45 millones. Según su presidente, ese gasto frenará la compra de nuevos equipos y fármacos para pacientes que no tienen cobertura del Gobierno ni del IESS.

El 80% de atenciones de Solca Manabí corresponde a derivaciones del Ministerio de Salud y del IESS. Solo por el Ministerio han recibido a más de 1 600 pacientes en los siete primeros meses de este año.

Infografía atención médica

Las cifras de derivaciones reflejan un ligero descenso a partir de abril a causa del terremoto, algo que es más notorio en los casos de insuficiencia renal. De 116 atenciones de diálisis y hemodiálisis reportadas en marzo, pasaron a 82 en abril y cerraron con 62 en julio.

Carmina Pinargote, coordinadora zonal 4 de Salud, explica que hay varios motivos. “Algunos centros no atendían porque se afectaron por el terremoto y tuvimos que buscar otras dializadoras como contingencia. También, es muy probable que algunos pacientes fallecieran por el sismo o se trasladaran a otras provincias”.

Santo Álvarez, de 58 años, asiste a hemodiálisis tres veces por semana. Su hija Karina cuenta que la atención no se suspendió, pero sí se redujo el tiempo de cada sesión. “Como había problemas de energía bajaron el tiempo para atender a todos los pacientes”.
Pero la situación fue más grave para los pacientes con diabetes. “La insulina es la vida para ellos y había niños y adultos que dejaron de inyectarse por uno o dos días. Eso era una emergencia para nosotros”, recuerda Aracely Basurto, presidente de la Fundación Viviendo con Diabetes (Fuvida).

Poco después del sismo envió un mensaje por las redes sociales para entregar insulina a quienes la necesitaran. Y se volvió viral. “En algunos casos sus medicinas quedaron bajo los escombros y en otros iban a los hospitales pero no había atención”, cuenta la Directora.

Ana María Ponce y su hijo Juan Armando, de 10 años, padecen diabetes. Viven en Santa Ana, cerca de Portoviejo, y son parte de quienes recibieron ayuda de Fuvida. “No podíamos conseguir insulina ni en las farmacias ni en los hospitales. Mi hijo se inyecta cuatro veces al día y la fundación nos ayudó con todos los insumos”.

Fuvida recibió donaciones de Australia, Colombia y EEUU., y contó con el respaldo de la organización internacional Insulin for Life. Hasta ahora ha entregado 4 000 mililitros de insulina y ha llegado a 3 020 personas de 26 poblados manabitas con atención médica que durará hasta octubre.

En contexto

El art. 35 de la Constitución indica que “quienes
adolezcan de enfermedades catastróficas o de alta complejidad, recibirán atención prioritaria y especializada”. El sismo en Manabí causó daños a hospitales y centros, y complicó el acceso a fármacos.

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