9 de septiembre del 2016 00:00

Una nueva casa para los pobladores de Bactinag

La comunidad de Bactinag está asentada sobre este cerro, que comenzó a deslizarse paulatinamente. Foto: Cristina Márquez / EL COMERCIO

La comunidad de Bactinag está asentada sobre este cerro, que comenzó a deslizarse paulatinamente. Foto: Cristina Márquez / EL COMERCIO

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Cristina Márquez
Redactora
cmarquez@elcomercio.com (I)

A los habitantes de Bactinag solo les queda esperar que la naturaleza termine de destruir sus casas. El cerro donde se asentó la comunidad, en Achupallas, a 40 minutos de Alausí, se cae progresivamente por dos fallas geológicas.

Cinco viviendas ya se perdieron por el deslizamiento y otras siete están en riesgo inminente, pero según un informe de la Secretaría de Gestión de Riesgos (SGR), toda la comunidad está en peligro, pues se prevén derrumbes de mayor magnitud.

“El terreno donde está asentada la comunidad es altamente inestable, por lo que la mitigación del riesgo es imposible. Hay dos fallas geológicas que están en movimiento continuo, por lo que el derrumbe continuará expandiéndose”, dijo Patricia Cornejo, directora de la SGR de la Zona 3. Según ella, este deslizamiento, tipo ‘cuchara’, se debe a la pérdida de la base de la montaña por un ojo de agua u otras razones que se desconocen, por lo que la tierra se desplaza en masa.

El fenómeno no es nuevo. Hace 14 años los campesinos notaron que aparecieron unas grietas entre sus terrenos. En diciembre del 2014 ocurrió el primer derrumbe: un tramo de la montaña se deslizó y afectó una vía secundaria y el abastecimiento de agua.

Ese año, los técnicos de la SGR determinaron que el deslizamiento sería progresivo, incluso se supo en qué dirección se expandiría, por lo que recomendaron la reubicación.

Pero la gente se resistió a dejar sus hogares. “Dejar la tierra de uno no es fácil. Nuestros padres nos dejaron estos terrenos y son el único sustento para mantener a nuestras familias, por eso no quisimos irnos, pero luego nos asustamos”, cuenta Rosendo Gahui, presidente de la comunidad.

Cuenta que las grietas que aparecieron cada vez se veían más profundas, hasta que la noche del 16 de agosto un fuerte estruendo, seguido de un temblor que se sintió incluso en las casas más distantes, estremeció a los 300 habitantes.

“Parecía que estábamos en una hamaca. Los niños y las mujeres gritaban y lloraban, nos tocó correr para sacarlos de sus casas”, describió Gahui.

José Antonio Sayag camina por un sitio, afectado por muchas cuarteaduras. Foto: Cristina Márquez / EL COMERCIO

José Antonio Sayag camina por un sitio, afectado por muchas cuarteaduras. Foto: Cristina Márquez / EL COMERCIO


Ese día, las pequeñas viviendas de paredes de adobe y techo de zinc de Antonio Sayag, Adolfo Malán y Alfredo Gahui se hundieron junto con par­celas de trigo, cebada y maíz, de varias familias.

La inestabilidad ocasionó que paredes de otras dos viviendas se cuartearan y desplomaran parcialmente. Se prevé que con el tiempo ocurra lo mismo con las otras 38 casas edificadas en esa ladera.

Las 23 familias que habitan en el sitio fueron acogidas en dos albergues temporales, mientras las autoridades del Municipio de Alausí planifican un reasentamiento.

El ‘nuevo Bactinag’ estaría ubicado en una hectárea y media de terreno, en el sector Shagalay. Se edificarían 22 viviendas, que se entregarán a las familias que constan en un informe socioeconómico emitido por el Ministerio de Inclusión Social y Económica.

“Estamos en un proceso de diálogo y mediación con el propietario del terreno que queremos adquirir. Incluso ya creamos una partida presupuestaria”, dijo Manuel Vargas, alcalde de Alausí. Sin embargo, los habitantes de Bactinag no están conformes. Ellos afirman que son 43 familias y que el terreno no será suficiente para subsistir.

“Aquí cada familia tenía al menos una hectárea y media de terreno para sembrar y criar a los animales, allá el espacio será limitado. No se ha considerado que al perder nuestros terrenos perderemos nuestra fuente de ingresos y no podremos mantener esas casas que nos van a dar”, dijo afligido José Sayag, otro morador.

Una de las alternativas que se analiza en el Comité Cantonal de Operaciones de Emergencia es promover un emprendimiento comunitario re­lacionado con el turismo en el Qhapaq Ñan. “La zona es muy cercana a ese sitio turístico y patrimonial, estamos analizando todas las opciones de ayuda”, dijo Vargas.

Los habitantes permanecen en los albergues durante las noches y en las mañanas se movilizan en vehículos de la Brigada Blindada Galápagos hasta los predios que aún no han sido afectados.

Muchos han pensado en migrar y otros ya se fueron. Se nos acaban las opciones y solo podemos sentarnos a ver cómo la montaña se hunde”, contó Gahui.

En contexto

La comunidad de Bactinag se encuentra localizada a 27 kilómetros de la ciudad de Alausí, cantón al que pertenece. Los pobladores quedaron incomunicados totalmente, debido a que la vía de acceso, Moya-Achupallas, está bloqueada por los deslizamientos.

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