21 de May de 2015 17:37

En una casa del Centro Histórico comparten espacios arquitectos, sociólogos, educadores populares y niños

En este inmueble, los niños juegan mientras sus madres se capacitan.  Foto: Mariela Rosero/ EL COMERCIO.

En este inmueble, los niños juegan mientras sus madres se capacitan. Foto: Mariela Rosero/ EL COMERCIO.

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Mariela Rosero

En la Olmedo y Guayaquil, en el Centro Histórico, tras subir más de 40 escalones, se llega a un espacio usado por varios colectivos. Lo han denominado ‘La Casa social cultural’. Se trata de un inmueble con varias décadas, que como otros de la zona, tenía áreas desocupadas. En la parte baja hay una relojería- joyería. En otro piso un local de compra y venta de oro.

Desde hace más de ocho meses, las áreas de arriba de la casa han sido cedidas a un grupo formado por arquitectos, sociólogos, artistas… Cada uno pretende que algún día se convierta en su sitio de trabajo y su espacio taller. Pero aún no está listo, le hacen varias adecuaciones. El sueño es que un día quien necesite oficina lo ocupe. Claro, no gratis, ni a cambio de dinero sino en canje.

Los ocupantes están abiertos a recibir propuestas de proyectos para trabajar en conjunto, proponen tener un espacio multifuncional, en donde se puede compartir, alquilar, truequear… Un par de muchachas argentinas viven en una de las habitaciones y a cambio se encargan de decorar las paredes con sus pinturas.

El mes pasado, por ejemplo, unos estudiantes de maestría de la Flacso pidieron una salita para presentar un tema y quienes regentan La Casa solicitaron que les den una mano para pintar y hacer más obras.

Uno de los integrantes de los colectivos que comparten espacio prefiere mantener en reserva su identidad. Trabaja en el sector público y trata de manejar su tiempo para su ocupación profesional y este sueño. Cuenta que el dueño de la propiedad les entregó el área por 10 años.

Gloria Armijos, conocida como ‘la tía Gloria’ es una de las encargadas de cuidar y hacer que los niños que llegan se entretengan. Eso mientras sus madres estudian. El colectivo Mujeres de Frente, que por algunos años trabajó con personas privadas de la libertad, en El Inca, dirige una escuela. En ella mujeres que salieron en el 2008 aprenden a leer y a escribir, es decir son alfabetizadas. También terminan la primaria. Un grupo se inserta en los ciclos básicos acelerados que oferta el Ministerio de Educación.

Las clases son los miércoles, de 15:00 a 19:00, y los jueves, de 08:30 a 12:30. Mientras las madres estudian, sus hijos, de todas las edades, pueden jugar con bloques y otros materiales. También participar de actividades lúdicas y les ayudan a hacer tareas o trabajos escolares.

En ocasiones llegan unas 15 mujeres, otras 30. Todo depende de sus ocupaciones. La mayoría no tiene trabajos fijos, se dedican a lavar ropa o a limpiar casas, para ganarse unos dólares. Estas señoras que hasta el 2008 estuvieron privadas de la libertad forman el colectivo Mujeres Valientes y buscan oportunidades para salir adelante.

Es uno de los grupos que aprovecha el espacio de La Casa. Además, en el lugar funciona un taller de stop motion y esperan pronto poner en marcha uno de madera y metal mecánica. En una de las salas está Quichua Studio, que trabaja en lenguaje y busca que se valore el quichua.

Sus integrantes dicen que es un lugar en constante construcción. Todos trabajan de modo colaborativo y buscan alternativas a la economía tradicional y sueñan con servir a la comunidad a través de proyectos comunes.

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