30 de agosto de 2014 00:05

Carondelet, símbolo del poder y la protesta

El Palacio de Carondelet ocupa actualmente una manzana completa en el centro de Quito.
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Redacción Política 
politica@elcomercio.com (I)

La simbología de Carondelet es clave en la vida política de la capital. Los argumentos para trasladar la Presidencia al, por ahora, cuartel militar de Epiclachima son la seguridad y la movilidad. Sin embargo hay otros factores a tomar en cuenta.

En el debate hay dos teorías. La primera es descongestionar el Centro Histórico y ubicar el despacho del Presidente en un lugar más accesible y moderno, que se adecúe a las necesidades de la institución.

La segunda es que el oficialismo quiere resguardar al Ejecutivo y alejarse del punto central, por tradición, de la protesta social.
El historiador Enrique Ayala Mora se pregunta si el motivo de fondo es comodidad o miedo. Y desarma el primer escenario argumentando que bajo esa lógica el Primer Ministro inglés, el Presidente francés y muchos otros deberían abandonar sus despachos.

Ahí se hizo buena parte de la historia. Carondelet y la Plaza de la Independencia son, a su criterio, el símbolo ambiguo del poder y la ambición y de los deseos de democracia y libertad.

El analista político Jorge León tiene un criterio similar: al remover la Presidencia el Centro perdería su significado clave, como sede del poder político del país.

León también considera que uno de los objetivos es alejarse de la protesta y la participación ciudadana, que no son del agrado del Gobierno. Además no es la primera vez que se plantea la idea, varios presidentes de origen guayaquileño han querido hacerlo, recuerda.

Este proyecto del oficialismo existe desde 2010. Y, según las expectativas, las instalaciones deberán estar listas el próximo año, pero el complejo aún no se ha comenzado a construir.

En el análisis también cabe señalar que el presidente Rafael Correa no siempre despacha desde Carondelet, aunque es su oficina principal. Además de sus actividades itinerantes, los viernes suele trabajar desde el Ministerio de Deporte y los martes desde Guayaquil.

En 2012, el entonces ministro de Vivienda, Pedro Jaramillo, expuso que una de las razones para cambiar la ubicación es el aumento de la burocracia. Explicó que la Presidencia ha crecido comprando edificios cercanos e instalándose como ha podido. Y que el Gobierno tiene una visión empresarial y busca condiciones óptimas para sus empleados.

Al exvicepresidente Blasco Peñaherrera Padilla le resulta injustificable. Aparte de que implicaría una pérdida del simbolismo del Palacio, califica de absurda la idea de construir una nueva sede presidencial por el costo económico.

En cuanto a la seguridad del Presidente, el exmandatario dice que se ha convertido en una obsesión sin sustento porque el país está en paz. Además para evitar que las protestas sociales lleguen a Carondelet la solución es no dar motivos.

Desde el punto de vista estratégico, la futura ubicación del Ejecutivo terminaría con esas preocupaciones. El coronel retirado Fausto Cobo explica que evidentemente en los terrenos del cuartel será mucho más sencillo controlar la seguridad.

“¿Quién va a ir a manifestarse allá (Epiclachima)?”, se pregunta. Y él mismo se responde: “nadie”. E incluso, si de seguridad se trata, las calles y edificaciones del Centro sí se prestan para bloquear el Palacio. Basta con recordar los derrocamientos de anteriores presidentes.

El resultado será que el Gobierno estará aislado en la toma de decisiones, advierte. Nadie niega, sin embargo, que la movilidad es un problema permanente del Centro Histórico. Pero la conclusión, en palabras de Ayala Mora, es que “sería como hacerle una operación a corazón abierto a Quito y quitarle el corazón”.

REVISE UNA INFOGRAFÍA MULTIMEDIA DEL PALACIO DE CARONDELET:

http://especiales.elcomercio.com/2014/09/carondelet/#.VAEZeGO4Pac​

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