21 de November de 2014 21:13

Carolina Báez no tuvo tiempo para dormir

El primer evento público en el que se presentó la nueva Reina de Quito fue el concurso de bandas de pueblos que, ayer, se desarrolló en la Plaza Cívica Eloy Alfaro, en el sur. Foto: Vicente Costales /EL COMERCIO

El primer evento público en el que se presentó la nueva Reina de Quito fue el concurso de bandas de pueblos que, ayer, se desarrolló en la Plaza Cívica Eloy Alfaro, en el sur. Foto: Vicente Costales /EL COMERCIO

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Ana Guerrero

A la joven El Panecillo le cautiva, enamora y libera. Es la muchacha que ahora porta la corona de la ciudad y quien no durmió, ni un minuto, antes de llegar a la Plaza Cívica Eloy Alfaro, en el sur de la ciudad, en su primer día como la nueva soberana del Distrito Metropolitano de Quito.

“Una foto reinita”, “Dios le bendiga”, “felicidades” se escucha a la par de las tonadas de la Gran Banda Show Los Auténticos.

Carolina Báez no para de bailar, el cansancio de más de 24 horas en pie no le borra la sonrisa. Pero la jornada no arrancó en el concurso de bandas de pueblo, organizado por un canal nacional.

A las 00:30, la licenciada en Administración de Empresas deja el Teatro de la Casa de la Cultura, donde recibió la noticia de que es la nueva Reina. Una reunión con familiares y amigos le espera en casa. Una de las sorpresas de esta jornada: su hermana melliza, Cristina Báez, está en el país, llegó desde España para acompañarla en el certamen. También, dos tías, desde Filadelfia y España.

La reunión termina a las 03:00. Son las 03:30 y Carolina debe ir a la peluquería para estar lista para su nueva vida: el trabajo con los quiteños.

“Apenas alcancé a lavarme la cara”, repite sonriente la soberana, a quien le encanta cocinar para su familia y amigos. Un vestido fucsia y un abrigo beige son parte del atuendo que eligió para su primer baile con los vecinos del sur.

El traje de randa se suma a los cerca 20 vestidos y 30 paradas que lució durante el concurso.

Pavel Trujillo, fotógrafo de cuna, aprovecha para motivar a los moradores del sur -que llegaron a la plaza- para llevarse un recuerdo y, de paso, colaborar con su trabajo diario. “USD 2 la foto al instante con la Reina”. Él no es el único que aprovecha la visita para ganarse unos dólares, uno de sus colegas corre detrás de Carolina con la cámara colgando del cuello y en el antebrazo derecho una pequeña impresora.

Hay una expresión que no falta entre los capitalinos que bailan en el espacio del sur: ¡que alta! El metro setenta y siete heredó del lado paterno. Su hermana, en cambio, tiene rasgos de la familia materna, cuenta Carolina.

Ella vence el frío de la mañana quiteña y se retira el abrigo. Una entrevista para un programa de televisión interrumpe el baile, pero no la atención de capitalinos como Blanca Herrera, de 61 años. “Mandé a los guaguas a la escuela y me vine”. Sus dos nietos ya están en las aulas y la mujer, su esposo y su hijo no pierden la oportunidad de tomarle una foto a la Reina.

“Guapa, suavecita, sencillita”. Blanca nunca había visto a una soberana de la ciudad, al menos no “en vivo y en directo”.
La mujer y su familia se alejan por un momento, no así Rita Salazar, la ‘Mamá de las reinas’, como se conoce a la asesora de las portadoras de la corona. Ella ha guiado a las últimas cinco cabezas de la Fundación Reina de Quito, arregla el cabello de Carolina y le da algunos ‘tips’.

La siguiente parada es el Hotel Marriott, en el camino, a bordo de una furgoneta blanca y con el cansancio en aumento, la joven de 24 años no pierde la alegría ni tampoco la emoción al contar que es una joven hogareña y que no tiene compromiso desde hace un año y medio. Para ella, ahora su prioridad es la ciudad y sus amores: su madre, Eliana Hernández, su hermana y su perro golden, Muñeco. Su barrio, desde siempre, ha sido el Quito Tenis.

En el viaje por el centro norte de la urbe, relata que estudió en Estados Unidos y que hace dos años se graduó y volvió a la ciudad. Durante sus estudios de Administración de Empresas viajó de intercambio a Italia, donde estuvo ocho meses y aprendió el idioma.

Al volver, además de trabajar en una empresa, emprendió una iniciativa de ayuda a niños: Risas. Ese trabajo ha sido sostenido, pues para Carolina la labor social es su más grande pasión. Entre sus intereses se incluyen, cuenta minutos antes de desayunar en el Hotel Marriott, el deporte y bailar flamenco. En el establecimiento, antes de una rueda de prensa, se reencuentra con sus compañeras, las señoritas Patronato, Carolina Freile y confraternidad, María Alarcón.

Luego de la presentación y de recibir un nuevo título: ‘guardiana del agua’, solo espera el almuerzo con su familia y poder dormir unas horas, para recuperar fuerzas; aunque sabe de las jornadas largas que vienen con la corona.

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