12 de abril de 2016 09:33

Carlos de la Torre: ‘Se debe atraer a la banca extranjera’

Carlos de la Torre, director del IIE de la PUCE. Foto: Archivo/ EL COMERCIO

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Redacción Negocios

Debate:

Así estamos


La discusión de las verdaderas cifras del déficit fiscal, gasto público y otras variables es intrascendente si no se reconoce que la caída del precio del petróleo y la apreciación del dólar han resultado en impactos negativos por las características de la estructura productiva de la economía ecuatoriana.

Una política económica basada en el ahorro financiero solo posterga el endeudamiento del Gobierno en las crisis y no resuelve la condición primario exportadora del Ecuador, la que requiere de fuertes inversiones para configurar una base productiva con talento humano calificado, energía barata e infraestructura.

Pero en el corto plazo se requiere financiar la producción, tarea pendiente del sistema financiero. Con depósitos de 28% del PIB a enero 2016 que reciben intereses irrisorios, tasas para el microcrédito superiores al 30% y buena parte de la cartera orientada al consumo, no puede haber desarrollo.

Las salidas

La recirculación del ahorro de los ecuatorianos para financiar la producción es un tema pendiente y necesario para reactivar la economía.

Pero el crédito se ha contraído en parte por la coyuntura económica, pero también por expectativas, aun cuando los depósitos ya se recuperan. Este funcionamiento pro cíclico no aporta como solución frente a la desaceleración de la economía ecuatoriana.

Por ello, es importante considerar mecanismos que promuevan una mayor dinámica financiera, tarea difícil con una estructura de alta concentración en las entidades financieras y baja competencia en su operación. Esto es posible gracias a las altas tasas de interés para el crédito en el Ecuador.

Una política de apertura parcial del mercado de intermediación financiera que incentive a la banca extranjera a colocar recursos en el país, con la reducción de los requerimientos y costos para la instalación de sus sucursales, pero manteniendo las seguridades para su operación, impidiendo por ejemplo la captación local, generaría sin duda flujos financieros muy importantes a la economía ecuatoriana.

Muchas veces se cuestiona que con el ahorro nacional depositado en el exterior se financia la producción de otros países, a la inversa, con el ahorro extranjero se impulsaría a la economía nacional.

La banca internacional estaría muy dispuesta a participar en un esquema como el propuesto por las ganancias que le significarían las altas tasas que se cobran en Ecuador, ya que competiría con ventaja con la banca local.

Esta competencia obligaría a una reducción de las tasas de interés en los diferentes segmentos alcanzándose ese objetivo también.
Pero sin duda hay puntos negativos. Más allá del poco agrado con que verían las entidades financieras locales a una medida así, se pondría en riesgo la estabilidad de las más débiles que no podrían competir. El riesgo de quiebras sería alto, y en dolarización mucho más complicado de manejarse.

De todas formas, hecho este diagnóstico y esta propuesta, con los cuidados respectivos y los límites necesarios que puedan establecerse, es una posibilidad que al menos debería discutirse.

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