21 de July de 2009 00:00

Sobre Carlos Larreátegui

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Ricardo Hidalgo Ottolenghi

Desde hace varios días hemos leído dimes y diretes entre el rector de una universidad y defensores de  la Senplades.

El tema no es quién tiene más o menos títulos ni si la nueva Ley Orgánica de Educación Superior es ‘estratosférica’. La cuestión es que la Universidad tocó fondo y en lugar de caer en las descalificaciones personales, es hora de ponernos a discutir con altura y responsabilidad qué es lo que nuestro país espera de la Universidad y cómo podemos sacarla del ostracismo en el que ha caído, precisamente por la politiquería, la mediocridad y también, por qué no decirlo, la publicidad engañosa de algunas universidades privadas que ofrecen a nuestros jóvenes “el oro y el moro”.

SOBRE LA NUEVA LEY DE EDUCACIÓN

Juan Sebastián Utreras C.

Cierto es que la multiplicación de centros de educación superior en el Ecuador es algo que está fuera de control. Cierto es que no hay mecanismos que garanticen la idoneidad y el  alto nivel de los profesores de tercero y cuarto niveles.

Cierto es que la masificación o  el lucro han conseguido desvalorar los títulos  y los han convertido en cartones que no son reconocidos.

Pero también se debe decir que en Ecuador muchísima gente agranda, exagera y miente sobre títulos y diplomas. Son muchos quienes se dedican a la docencia universitaria o son quienes critican a las universidades.  Es impresionante ver la cantidad de “profesionales” que proclaman  sus títulos rimbombantes, cuando en realidad  han hecho pequeños cursillos de capacitación o han asistido a congresos o charlas en algún centro de educación universitaria y luego quieren decir que han hecho un sinnúmero de estudios de ‘posgrado’.

Muchos de estos sujetos son quienes, desde el Gobierno, critican al sistema universitario y quieren dar valor a sus propuestas en base a sus “bien formados” criterios que se sustentan en su experiencia “académica extensa y prolija”.

Es muy común encontrarse con personas que por haber hecho algún cursillo ya se hacen llamar economistas, magísteres, doctores, especialistas, ingenieros, PhD, etc.

Si se quiere reformar el mundo universitario se debería contar con gente que tiene experiencia  y no con sujetos de buenas intenciones que proponen cosas desde lo  hondo de sus entrañas, pero que carecen de la formación académica formal necesaria que avale las bondades de sus propuestas.

DISCREPANCIA CON UNA CARTA

Washington Cobo

Discrepo con la carta de Mario Ordóñez en la que afirma que Lucio cayó por “sólo  haber pactado el regreso de Bucaram”, es penoso que tengamos tan mala memoria, pues olvida del desgobierno de Gutiérrez (bailó El Conejito en Palacio, traía miles de buses con gente pagada con nuestra plata para que lo respalden), el nepotismo (sus parientes pasaron a funcionarios de todo nivel y, a propósito, ¿qué será del coronel Villa?).

Los escándalos (¿se olvidaron ya de Buenos Aires, para nombrar uno?), los manejos económicos (¿de donde salió la fortuna que ahora ostenta?), la desaparición de la Corte Suprema de Justicia (miles de ciudadanos perjudicados por esta inaudita acción) y tantas cosas más.

Lucio cayó porque su incapacidad para gobernar nos llevó a  sacarlo del puesto, que le quedó muy grande, del cual hizo burla y al cual llegó gracias a la mentira y al engaño al pueblo, con sus utópicas ofertas. Todo esto hizo que la gota que derramó el vaso fuera el regreso de Bucaram.

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