5 de July de 2009 00:00

De caretucos y carabobos

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Martín Pallares. Editor de la sección Política

El Estado es Rafael Correa y punto. La definición la dio el propio Correa ayer en su enlace sabatino, cuando atacó al autor de esta columna por haberse preguntado si él podía haberse sentido cómodo durante la ostentosa parada militar a la que fue invitado por su gurú espiritual, Hugo Chávez Frías, pocas horas antes de incorporar al Ecuador a la cómica Alternativa Bolivariana, Alba.

En la mente del Presidente el Estado es él y punto, porque en su entendimiento es inconcebible que alguien que  viajó con él a Venezuela en un avión del Estado (cree  que el avión es suyo) pueda tener una visión crítica frente al despliegue bélico de corte fascista, con el que Chávez alardeó frente a los presidentes de la oleaginosa Alba.

Y cuando alguien cree encarnar al Estado por designio divino se puede decir cualquier cosa y calificar como mentiras cosas que distorsionó con el poder que le otorga una falseta y nerviosa risita de opereta barata. 

Dijo, por ejemplo, que el autor de esta columna mentía al decir que el desfile de conmemoración de la batalla de Carabobo era parte de los actos de bienvenida  al  Ecuador al seno de la Alba. ¿Entonces para qué escogió Chávez el día en que se festejaba el aniversario de Carabobo para recibir al Ecuador al Alba? ¿Para qué invitó a los presidentes a la parada?

Claro que ese desfile se hace todos los años, como dijo el avispado Presidente, pero resulta que la incorporación a la Alba fue hecha precisamente esa fecha y  en Maracay, como para que los presidentes pudieran estar en los dos actos.

Hasta hace no mucho tiempo mantener una visión crítica del armamentismo era parte consustancial en cualquier espíritu progresista. Ahora, cuestionar formas fascistas resulta corrupto, mentiroso y de derecha.

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