9 de enero de 2017 00:00

En Carchi se redujo el paso de migrantes irregulares

En la Casa Hogar Jesús del Migrante, ubicada en Tulcán, los extranjeros reciben hospedaje gratuito y comida. Foto:  Washington BenalcÁzar / El COMERCIO.

En la Casa Hogar Jesús del Migrante, ubicada en Tulcán, los extranjeros reciben hospedaje gratuito y comida. Foto: Washington BenalcÁzar / El COMERCIO.

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Washington Benalcázar

La provincia del Carchi dejó de ser una de las rutas utilizadas por las bandas del tráfico de migrantes. Al menos ya no se observa en las plazas y calles de la capital carchense a grupos de extranjeros, con pequeñas maletas, intentando cruzar a Colombia, como sucedió el año anterior.

Ese era uno de los trayectos para avanzar por tierra hasta EE.UU., sin tener los papeles en regla. Así comentaban a la Policía viajeros, como Suieman Abwuicadir, de 28 años, que inició su periplo en Haití.

Junto a otros de sus compatriotas cruzó a Brasil por mar y continuó su viaje por Perú y Ecuador, dirigido por personas a las que pagó USD 2 000. Sin embargo, su sueño por llegar a EE.UU. y conseguir un empleo, para apoyar a su familia, se truncó en Tulcán.

Los coyotes que dirigían a un grupo de 15 personas lo abandonaron, sin un centavo, luego que presentó una dolencia en el apéndice. Por eso recurrió a la Casa Hogar Jesús del Migrante, recuerda Yolanda Montenegro, coordinadora de este albergue privado. En el lugar se ofrece hospedaje gratuito y almuerzos a USD 0,75.

El fenómeno migratorio de tráfico ilegal a través de Carchi fue más evidente entre julio y octubre del 2016. Eso también lo reconoce Steve Vergara, coordinador de la Zona 1 del Ministerio de Relaciones Exteriores, que cubre Esmeraldas, Carchi, Imbabura y Sucumbíos. “Pero desde noviembre hasta enero no se han reportado más novedades”, manifiesta.

Asegura que solo el año anterior fueron detenidos en Carchi y retornados al país 416 extranjeros, que no pudieron justificar su ingreso a Ecuador. Se trataba de ciudadanos de Haití, Cuba, Venezuela, Congo, Nigeria, India, Paquistán… La mayoría intentaba cruzar a Colombia por pasos irregulares. Otros fueron detenidos en el puente de Rumichaca.

Al parecer, las bandas de traficantes de personas cambiaron de ruta, una vez que se multiplicaron los operativos policiales y militares en las carreteras, sitios de hospedaje y pasos informales del Carchi. “Queremos demostrar que Ecuador no ofrece facilidades para la migración riesgosa. Los controles desmotivan a las bandas”, dice Vergara.

La mañana del martes último, por ejemplo, miembros de la fuerza pública realizaban operativos en el sector de Yahuarcocha y Mascarilla, en Imbabura. Y en el ingreso sur de Tulcán y en Rumichaca.

La vigilancia se enfoca también en los sitios de hospedaje, en donde el año pasado se identificó a migrantes irregulares. Geovanny Paspuezán, administrador del hotel España, de la capital carchense, recuerda que a mediados del año anterior hubo una inusitada demanda de habitaciones. “Llegaban personas solicitando piezas para grupos de 10, 15 y 20 extranjeros”. Pero la mayoría se hospedaban en los hoteles y hostales cercanos a la terminal terrestre de Tulcán.

Según un agente de Policía, hasta ahí llegaban a bordo de buses interprovinciales procedentes del sur y centro del país. Aunque trataban de no levantar sospecha la presencia era evidente, en especial de quienes no hablaban español.

La Intendencia y la Policía de Migración también realizan visitas sorpresivas a los sitios de hospedaje. Entre diciembre y los cinco primeros días de enero no hubo novedades, como habitaciones hacinadas de personas, como sucedió en julio y agosto del año pasado. Esto lo advierte Tanya Camargo, titular de la Intendencia. En el 2016, este organismo clausuró 12 locales de hospedaje en donde se encontraron migrantes indocumentados. Agentes recuerdan que había sitios con capacidad para seis personas, pero eran ocupados hasta por 20.

Es por ello que la Cancillería y el Ministerio del Interior ahora dictan charlas a dueños y administradores de hoteles, hostales, pensiones, etc. Esto comenzó desde octubre del año pasado.Les explican sobre la obligación que tienen de registrar a sus huéspedes, verificando los nombres en las cédulas de identidad o pasaportes. También les dicen que en caso de no cumplir estas disposiciones se les puede considerar cómplices de los coyoteros.

Varios viajeros que optan por este tipo de migración riesgosa han sido víctimas de robos de dinero y pertenencias y hasta agresiones sexuales, asegura Montenegro. Sin embargo, los afectados no denuncian, por temor a ser detenidos por haber ingresado irregularmente al país.

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