09 de enero de 2016 00:00

La captura de ‘El Chapo’

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Dimitri Barreto

La tercera captura del líder del cartel de Sinaloa, ‘El Chapo’, el viernes 8 de enero del 2016 en México, es una acción ponderable en la agenda del régimen de Enrique Peña Nieto, un aliciente para resarcir la corrupción que supuso su fuga, desde el penal de máxima seguridad del Altiplano, en Almoloya de Juárez, el 11 de julio del 2015.

La primicia de la detención fue dada por Peña Nieto en redes sociales y su mensaje escueto en Twitter bastó para que se desplegaran titulares en portales digitales y para que estaciones televisivas de noticias no hablaran de otra cosa hasta la puesta de sol.

La captura es un golpe de efecto. Pero, ¿es un impacto real contra la estructura de una ‘empresa’ criminal con presencia en más de 50 países?, ¿es un golpe al narcotráfico? No.

La recaptura es un voto de confianza, importante, a la institucionalidad, pero no es la salida a un fenómeno grave: el de las drogas. Y no se trata de un asunto exclusivo de México, sino que atañe a todos. El de las drogas es un problema de salud, pero el mundo insiste en la ‘guerra’ contra el narcotráfico.

Esa violencia alimenta a los carteles y se ha cobrado más de 160 000 vidas en México desde el inicio del gobierno de Peña Nieto, en diciembre del 2012. Y el ‘negocio’ aún es redondo. Es más, el cartel de Sinaloa fue el único, entre los nueve reconocidos por la Fiscalía de México, que aumentó su injerencia territorial (de seis a siete estados) y sus grupos criminales (de ocho a diez), durante los 17 meses que ‘El Chapo’ permaneció en prisión, desde el 22 de febrero del 2014. Su fuga desde la celda, por un ducto de 1,5 kilómetros, solo fue una demostración de ese poder y también una marca de la lealtad en el cartel que mantiene intocada su estructura.

Se pueden destinar baterías de un Estado para armar y entrenar cuerpos policiales y militares; para endurecer leyes; para edificar prisiones y llenarlas. Si el confinamiento de un capo no mina al cartel, ¿es la estrategia apropiada? Al final, la recaptura, aún con extradición, solo será otro episodio del fracaso de la visión guerrera contra las drogas.

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