18 de March de 2010 00:00

Candidato al mejor ecuatoriano

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Bernardo Acosta

Cada vez convence más la capacidad de Diego Borja para cumplir metas inalcanzables. Este año le tocó la titánica tarea de conseguir más de USD 4 000 millones para financiar el Presupuesto, en medio de precarias relaciones con los prestamistas. Y ahí está, como si fuera la reencarnación de Abdón Calderón, sacrificándose por la patria. Es tal el ejemplo que Borja constituye que se ha ganado a pulso una candidatura para el próximo concurso del mejor ecuatoriano.

El Gobierno es la esposa dilapidadora que cada año gasta más. Borja, a diferencia de esos esposos tacaños que ponen límite al gasto de su pareja, es el marido que vive para consentir los caprichos consumistas de su mujer.

El gasto público, que fue USD 11 000 millones en 2006, subió a USD 15 000 millones en 2007, USD 25 000 millones en 2008 y un monto aún no revelado en 2009. Se prevé que este año el gasto aumente 29% en relación al presupuestado para el año pasado. De ahí que, pese al alto precio del petróleo, se necesite un financiamiento descomunal.

Es en esas circunstancias cuando se aprecia la valía de Borja. Cualquier burócrata ya hubiera reculado ante semejante desafío. Cualquier fulano ya se hubiera divorciado ante la imposibilidad de mantener a una esposa derrochadora. Pero Borja muestra sus virtudes en los momentos adversos.

Desde finales del 2009, el Banco Central (BC) se comporta como el niño modelo de la revolución. Cedió al Fisco más de USD 400 millones que recibió del FMI, sin contabilizarlos en sus balances y, por tanto, incumpliendo la Ley. Repatrió casi USD 900 millones de la reserva monetaria internacional, para que la banca pública los destine a préstamos, con lo que esa parte de la reserva internacional ya no es ni reserva ni internacional. Sin que el BC haya vendido oro y, en consecuencia, percibido alguna utilidad por ello, transfirió más de USD 500 millones de supuestas utilidades  a la Caja Fiscal. En este escabroso escenario nadie se atrevía a responsabilizarse del BC, con excepción del patriota Diego Borja, quien tomó el mando de la institución, además de mantener su puesto de ministro.

Como aún falta gran parte de los recursos para cubrir el Presupuesto, el BC, dirigido por Borja, acaba de obligar a los bancos privados a traer un porcentaje significativo de sus reservas internacionales. Qué mejor que financiar el gasto del Gobierno con la plata de los ciudadanos. Y qué importa si así aumenta el riesgo de una crisis bancaria y de una abrupta desdolarización. El Gobierno tiene metas, y Borja está haciendo hasta lo imposible para cumplir la meta de obtener financiamiento.

Lo dicho: semejante eficacia, creatividad, patriotismo, compromiso y diligencia posicionan a Borja como un estupendo candidato para el próximo concurso del mejor ecuatoriano.

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