19 de November de 2009 00:00

Los campesinos de Manabí sacan agua del subsuelo

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Redacción Santo Domingo

Solo  hojarasca, polvo y piedras quedan en los cauces de los ríos de Pedernales. La sequía dejó sin caudal al Chiquimble, Tachina Chiquimblita, Nalpe, Vite, Mache, Chindul y Cheve.

El río Chiquimble atravesaba las tierras de  La Gerónima, una hacienda de 400 hectáreas, de propiedad de Carlos Bermúdez y de sus hermanos. La parcela está destinada al cultivo de pastizales, para criar vacas.

30 dólares
es el valor que cancelan los habitantes de Pedernales por el agua de los tanqueros.

Debido al estiaje, el afluente desapareció.  Por eso, para obtener el líquido  vital para calmar la sed de sus 220 reses,  Bermúdez  decidió cavar un pozo de 8 metros por 6, en un área por donde circulan  las aguas subterráneas. Para ejecutar los trabajos urgentes alquiló una retroexcavadora. 

Su iniciativa dio resultado. El hoyo se llenó con agua proveniente del subsuelo. Pero el nivel de la poza es inferior a los terrenos de la finca y el ganado no podía beber directamente de él.

Entonces, este ganadero decidió   comprar una bomba que puede extraer  50 litros de agua por minuto y 50 metros de una manguera de cinco pulgadas. La máquina funciona con gasolina.  

Los materiales los compró en USD 500 y logró llenar  un recipiente metálico de 2 metros de ancho por 6 de largo y 1 de alto. “Con esta agua, por lo menos, puedo  aplacar la sed de mis vacas”,  dijo.

El Tachina es otro de los ríos que cruzaba por el costado derecho de La Gerónima. En la actualidad,  por el cauce solo se observa tierra, ramas secas, uno que otro lodazal y charcos de agua verde.

Un polvoriento camino lastrado conduce hasta estas pequeñas pozas. Por el acceso transita  una vetusto camión. En  el cajón  lleva un tanque cilíndrico que tiene una capacidad para almacenar 2 500 galones de agua.

El conductor de ese automotor, desde hace 16 años, es Macías Zambrano. Desde hace unas semanas,  estaciona su vehículo  a unos cinco metros del charco.

Desde el   cajón baja una manguera y se dirige hasta   la lodosa orilla. Con el mismo tubo aparta las algas, natas  y renacuajos que se agrupan como una colcha verde, en el  agua empozada.

Luego de eso, con ayuda de una pequeña bomba, logra extraer el  líquido y  empieza a llenar el  deteriorado recipiente de zinc.

 Zambrano hace cuatro viajes por día. Para llenar un tanque metálico de sus clientes les cobra USD 1. “El agua la llevo a la gente pobre del barrio Nuevo Pedernales, allí las personas no tienen para pagar tanqueros”, cuenta.

El río Tachina también cruza la hacienda de la familia Cevallos (vecina de los Bermúdez). La finca está cercada  con alambre de púa. Una puerta de delgados maderos, una cadena y un candado impiden el paso.

Las llaves del candado están a cargo de Wacho Vera. Él conduce un viejo tanquero Ford del año  1978. Para llenarlo con 2 500 litros, el automotor ingresa por un camino de herradura hasta otra de las pozas de agua verdosa y en descomposición del río Tachina.

Muy pocos tanqueros aún cargan agua en estos charcos. La mayoría viaja 20 minutos al sur de Pedernales, hasta el río Cuaque.

Una de las clientas de estos camiones  es Benny Olívez. Ella tiene un modesto restaurante frente a la playa. “Hasta antes de la sequía pagaba USD 15 por cada tanquero de agua, hoy el precio subió a USD 30”, señala.

Al frente del comedor de Olívez funciona un una local de refrescos. Este es atendido por Juan de Dios Loor. Él usa agua de bidón para preparar los jugos. Para limpiar la vajilla dispone de un tanque plástico, en este recipiente recibe agua que le dejan los choferes de los  tanqueros. “Le echo un sobre de cloro para que el agua se purifique”.

Otra forma de abastecimiento es la red de agua potable,  aunque Olívez cuenta que el líquido vital llega un día en  la semana.

El ganadero Bermúdez dirige la Cámara de Turismo de Pedernales. Este cargo le permitió  contactarse con el   Directorio de la Empresa de  Agua del Cabildo.

Bermúdez contó que el Gobierno Municipal decidió reabrir y potenciar un antiguo pozo. Para este fin  se amplió la tubería de 6 pulgadas a 12. Esto permitirá obtener 33 litros por segundo. Con ese  caudal se atenderá a 25 000 habitantes, de un total de 40 000 que tiene Pedernales. Hasta tanto, Zambrano seguirá  abasteciéndose de agua empozada.

Otra alternativa

El Municipio de Pedernales contrató a la empresa Perfopozo. La compañía se encarga de la excavación de un hoyo  de 14 pulgadas y 70 metros de profundidad. La perforación se ejecuta en las riberas de lo que fue el río Tachina. El propósito, sacar agua.

El proceso para sacar agua  es similar al que se sigue para la extracción de petróleo y dura entre 8 y 15 días, dependiendo de cuán profundo se halle el líquido.
Los habitantes de la  localidad de Boyacá, del cantón Chone, beben agua de pozos. El coordinador de la Secretaría de Gestión de Riesgos de Manabí, Roque Mendoza, reconoce que el agua que se obtiene de los pozos profundos  de 15 metros de profundidad no es apta para el consumo humano si no pasa por un sistema de potabilización adecuado.

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