11 de octubre de 2015 12:16

19 campanas de tres iglesias van a reparación

Las campanas de la iglesia de San Francisco (foto) requieren una intervención urgente. Una especialista española, Soledad Díaz, capacita a un grupo de seis artesanos y restauradores. Foto: Galo Paguay/ EL COMERCIO

Las campanas de la iglesia de San Francisco (foto) requieren una intervención urgente. Una especialista española, Soledad Díaz, capacita a un grupo de seis artesanos y restauradores. Foto: Galo Paguay/ EL COMERCIO

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Betty Beltrán
Coordinadora (I)
bbeltran@elcomercio.com

Quebradas, con polvo, deslucidas y con sus amarras deterioradas son los síntomas de 19 campanas ubicadas en el Centro Histórico de Quito. Estos instrumentos sonoros, en la mayoría de casos, superan los dos siglos de fabricación.

Por su estado, estas piezas requerían de una atención urgente, pues tres de 19 campanas están quebradas. Una buena noticia es que todas conservan las amarras de cuero original.

¿Por qué se rompen? Por el uso, responde Soledad Díaz, técnica del Instituto de Patrimonio Cultural de España y experta restauradora de metales. Agrega que los badajos de hierro (piezas que cuelgan en el interior y que provocan el sonido) golpean el vaso de la campana de bronce y cada vez la hacen más blanda. De ahí que la suerte de estas piezas es cuestión de tiempo: unas pueden durar dos siglos, otras cinco, no se sabe en qué momento se romperán.

Según Ximena Carrión, administradora del Proyecto Recuperación del Patrimonio Sonoro del Instituto Metropolitano de Patrimonio (IMP), la mayoría de campanas es original y tiene cientos de años. Pero hay otras que, lamentablemente, fueron fundidas.

Expertos restauradores de España capacitarán a los artesanos quiteños para recuperar las campanas patrimoniales de Quito. Foto: Galo Paguay/ EL COMERCIO

Con motivo de los enfrentamientos entre patriotas y realistas, después de la masacre de los próceres en 1810, las campanas originales de la iglesia La Compañía fueron fundidas, recuerda Alfonso Ortiz, cronista de la ciudad. El primer dato sobre la antigua torre de La Compañía, que albergaba al campanario, aparece en el Acta del Cabildo de 1612.

Una alternativa para mejorar el estado de las campanas llega del IMP, con un programa para capacitar a un grupo de seis artesanos y restauradores. El objetivo es que, luego de este proceso, ellos sean los encargados de mantener en buen estado estas piezas, que son parte de la historia de la ciudad.

Díaz debe dictar el curso de cuatro meses. En ese tiempo, los estudiantes obtendrán los conocimientos para que las 19 campanas de San Francisco, Santo Domingo y San Agustín recobren el brillo y la sonoridad. También estarán capacitados para tratar las maderas, de donde penden las campanas, entre otras partes.

Germán Campos, uno de los estudiantes, espera no solo restaurarlas sino realizar nuevas fundiciones.  “Todo con tal de fortalecer la identidad y que la ciudadanía se apropie de su patrimonio”.

Otro objetivo del IMP es desarrollar una nueva oferta turística, para conocer rostros distintos y espectaculares de Quito, aspira Carrión.

Antiguas o no, las campanas pasan casi desapercibidas. Y actualmente “ya no suenan y si, de pronto, se escucha su tañer nadie hace caso. El ‘lenguaje’ de las campanas es un ruido más de la ciudad”, lamenta Ortiz.

Otro dato es que todas las campanas tienen un nombre y son únicas. Para muestra están cuatro piezas de La Compañía: Santa Zita Patrona de las Sirvientas Esclavas del Niño, que tiene un peso de 1 500 libras; la Santísima Virgen de la Luz y a la Sagrada Familia, con 1 000 libras cada una; Mariana de Jesús Patrona y Azucena de Quito, con 500 libras de peso; y San José, con 190 libras.

Los repiques de campana eran los ‘WhatsApp’ de hace 300 años y tenían diversos usos: llamaban a misa, daban la hora, alertaban de algún peligro, anunciaban el fallecimiento de personalidades o festejos civiles... Cada toque tenía un ritmo y un sonido diferentes.

De ahí que sea un reto -según la especialista española- recuperar a los campaneros de toda la vida y que conservan el saber hacer y las melodías del toque.

Pero, al menos en Quito, la tarea es compleja: ya no quedan campaneros. De aquello da cuenta Fray Carlos Amendaño, guardián del convento de San Francisco. El religioso refiere que, por ejemplo, no existe un campanero en San Francisco desde hace más de 30 años.

Solo en fechas especiales se escucha el sonido de las ocho campanas de sus dos torres. Es decir, en el encuentro entre franciscanos y dominicos, y el Domingo de Gloria.

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