12 de January de 2010 00:00

La campaña

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Fernando Larenas

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Llama la atención el nivel ponzoñoso y virulento que se usa, generalmente, en la política nacional. Frente a cualquier declaración, la réplica es siempre violenta, llena de adjetivos que destruyen y ofenden.

Incluso se apela al lugar común “con todo respeto” para lanzarle al adversario una andanada de denuestos similares a cuando un árbitro de fútbol se equivoca en una jugada y cobra todo lo contrario de lo que dice el sentido común.

Hay una campaña diferente, ‘Más respeto’, que no ataca a nadie, no acusa, simplemente pone el dedo en la herida para advertir que si la venganza y el insulto se apoderan del país será muy difícil recuperar los valores morales de la sociedad.

Una campaña de carácter cívico no puede ser similar a una electoral, en la cual los políticos muestran sus dientes, recurren al ataque y a la injuria para ganar terreno y alcanzar el tan codiciado poder. ¿Por qué se ponen tan bravos los políticos con esta campaña?

La política, de acuerdo con la experiencia, será siempre la misma, el poder obnubila al que lo consigue y el rival tiene que tragar toda la amargura que antes hizo engullir a su adversario.

La política mal llevada da asco, las campañas electorales se han convertido en ferias de baratijas cargadas de odio. Una campaña cívica es diferente. Hace muchos años Don Evaristo nos invitaba muy cordialmente a no hacer pis en la pared y no necesitaba insultar a nadie para que el mensaje sea exitoso.

La respuesta a la campaña que demanda respeto ha enfurecido a quienes ejercen el poder y tratan de denigrarla. Eso es un craso error, a no ser que estén convencidos que van a gobernar 100 años, o 50, como los Castro en Cuba, alrededor de 40 como ocurrió con Stroessner en Paraguay o Franco en España y más de 70 en el caso del PRI mexicano.

Solo Dios sabe qué va a ocurrir en el futuro y, mientras tanto, es necesario invitar al poder a que actúe con más cordura, que los funcionarios hagan comparaciones adecuadas y no ponzoñosas, como comparar a un canal de TV con un burdel, como si la rica lengua española no tuviera palabras adecuadas.

¿Para qué recurrir a la burla de las personas por causa de su físico, por el color de sus ojos o del tamaño de su cuerpo?

Si no le gusta el noticiero que transmite un canal, use el control remoto y cámbiese, si no le agrada leer un periódico, compre otro, si no es de su agrado la televisión privada, sintonice la pública. Usted todavía puede escoger.

En cuanto a la campaña del respeto, se produce con fondos propios, al contrario de las permanentes campañas oficiales, que se elaboran con fondos públicos, que hoy están bastante escasos, de acuerdo con las cifras oficiales sobre la caja fiscal. Gracias a Dios todavía somos libres para decidir.

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