1 de marzo de 2017 00:00

El 80% de las calles de Quito ya cumplió su vida útil

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Evelyn Jácome
Redactora (I)
njacome@elcomercio.com

Su peor enemigo es la lluvia pero no es el único. Las 11 639 vías que hay en la capital deben enfrentar una dura batalla contra el clima. Baches, fisuras, desniveles y verdaderos cráteres se abren espacio en la red vial conforme los aguaceros comienzan a inundar la ciudad.

El trabajo de bacheo y mantenimiento que la Empresa Pública Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas realiza es arduo y a contrarreloj.

En el 2015 se invirtieron USD 2,4 millones en bacheo y se intervinieron 6 798 vías. Para el 2016, la cifra aumentó a 8 494 rutas atendidas con una inversión de USD 4,3 millones, según Freddy Larenas, gerente de Obras Públicas de la Empresa Pública Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas (Epmmop).

Son 28 brigadas, cada una conformada por una cuadrilla de trabajadores, una volqueta, y otros implementos, que cinco días a la semana salen a las calles a dar mantenimiento a la calzada. Suman 400 personas que se dedican, sobre todo, a intervenir las 215 avenidas más transitadas, pero también las
11 424 calles secundarias.

El problema, para Alfredo Viteri, experto en movilidad, es que para no caotizar la circulación, la intervención debe ser pausada, sin realizar cierres prolongados. Mientras se arreglan unas vías, otras se afectan. Es, al parecer, un trabajo de nunca acabar.

Las cuadrillas atienden unos 200 huecos diarios, pero la situación es grave porque, según Larenas, más del 80% de las vías ya cumplieron su vida útil y requieren una repavimentación total. El pavimento no es eterno. Dura, entre 10 y 20 años, pero la mayoría de las calles de Quito tienen más de 30, por eso su vulnerabilidad.
La situación se vuelve crítica en época invernal. El agua hace que las grietas crezcan velozmente y la irregularidad de las vías obliga a los vehículos a traquetear y esquivar obstáculos.

La zona donde más se intervino es Eugenio Espejo, seguida por la Eloy Alfaro. Larenas explica que las calles del sur son mucho más afectadas que las del norte debido que en esa zona llueve más, y la calidad del suelo no es buena debido a su alto nivel freático.

Jorge Valverde, geotécnico de la Politécnica Nacional, asegura que el agua cambia las propiedades del suelo. La tierra está compuesta por tres elementos: minerales sólidos, agua y aire. Para construir una vía se debe compactar material calificado para que reduzca su humedad. Con eso se forma la subase que puede medir desde 20 cm de grosor, hasta más de un metro. Mientras más grueso, más resistente.

Luego se coloca una capa base y el pavimento. Ambas son compactadas, pero al entrar en contacto con el agua,el líquido llena microvacíos y circula por esos espacios llevándose las partículas más finas. Se forma una especie de esqueleto, con vacíos, por lo que debido al paso de los autos y a la vibración, el pavimento termina por ceder y se hunde. Una vez que se agrieta, permite el paso del agua y el problema empeora.

El clima de Quito es otro de los enemigos del pavimento.
En verano, la temperatura ambiente es de 30 °C, pero el asfalto absorbe el calor y puede llegar hasta 60°. Mientras en la noche el asfalto llega a los 2 grados, lo que representa una de las variantes más amplias de Latinoamérica. Esa variante diaria hace que el pavimento se expanda y contraiga, y lo desgasta. El asfalto de este país, además, no es de buena calidad debido a sus componentes, asegura Larenas.

Otro problema es que varias de las calles de Quito fueron concebidas como secundarias, residenciales, pero se tumbaron las casas y se construyeron edificios por lo que el paso de vehículos pesados como volquetas y buses es mayor.

La congestión es otro de los problemas: mientras más tiempo pasa estacionado un vehículo pesado sobre la calzada, el impacto es mayor.

Si a eso se suma el incremento de cargas debido al crecimiento del parque automotor, se obtiene como resultado calles en mal estado.
La lluvia de enero afectó. Es común que se tengan 25 reportes al día de vías que necesitan intervención, pero en enero subió a 70 reportes diarios. A pesar de que el clima afecta el trabajo de las cuadrillas de bacheo, este año las intervenciones continuarán conforme el cronograma.

Para Viteri, la mejor alternativa es apostar a un plan de repavimentación en verano que blinde las vías durante el invierto, y evitar los bacheos que a la larga son solo parches.

Sería ideal, dice Larenas, repavimentar cada 10 años cada una de las vías. “Pero a mano alzada se calculó que se necesitarían unos USD 7 000 millones para repavimentar Quito. Mientras el presupuesto anual de la ciudad es de USD 730,5 millones para todas las obras”.

Larenas advierte que el pavimento rígido es más resistente y puede durar hasta 30 años, pero es más costoso: USD 65 el m², mientras que el normal entre 45 y 50 el m². Pero a la larga es más rentable porque resiste el triple de tiempo. ¿Por qué no se lo hace? Por costos. Para pavimentar un km de vía de 7 metros de ancho, se necesitarían USD 3 millones, mientras que con el otro sistema costaría más de USD 4 millones.

En contexto

La época invernal de enero afectó mucho a las vías. El agua se empozó por horas y la carpeta asfáltica se afectó. Las calles se deterioraron con más rapidez.

Si desea que un equipo vaya a su sector a intervenir avenidas puede llamar al 1 800 456789 opción 3.

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