13 de April de 2010 00:00

La calle La Ronda: profundidad histórica

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Hugo Burgos / AntropólogoNunca estará de más escribir sobre la calle llamada  La Ronda, aquella ruta curvada que parece venir de las ciudades medievales.Parece  enterrada en el declive occidental del Centro Histórico, al pie de El Panecillo. Si habría que dar una pista, es haber sido  camino paralelo a la principal quebrada de la ciudad, que en su tiempo se llamó de Jerusalén. Pero  estudios antropológicos determinaron  que  era una vertiente profunda llamada Ullaguanga-yacu, utilizada por los incas.Bajaba como cava desde el Pichincha; crónicas conocidas aseguran que fue usada por ellos como barrera natural para defensa de los enemigos. Todos los mapas coloniales y republicanos  de Jorge Juan y Antonio de Ulloa (1748), La Condamine, misma época, Il Gazzetiere Americano (1763), Menten (1865), Gualberto Pérez (1888), Antonio Gil (1914) y otros (que gracias al Fonsal son accesibles)  permiten rectificar un estereotipo: que La Ronda era solo la calle al pie de la plaza de Santo Domingo, hasta  la avenida 24 de Mayo. Topográficamente era un sendero mucho más largo, nacía en la ribera occidental del río Machángara, avanzaba por todo el flanco poniente de la ciudad  hasta llegar, incluso,  a la calle Chimborazo. Todo depende de la época. Hoy en verdad se circunscribe a dos largos tramos de la calle Morales.¿Cuál es el significado histórico para Quito?  Primero, comprendemos que fue un trazado prehispánico, a veces como chaquiñán,  que subía paralelo a la gran quebrada. Se trata de una vía larga como que hubiese sido sendero estratégico de los incas.El valor es que conectaba con los cerros frente a una cantera de piedra  y podía acceder a La Chorrera, cascada que viene de los páramos del  Pichincha.  Piedra y agua de que podía beneficiarse las poblaciones prehispánicas. El significado simbólico es todavía mayor. Las crónicas andinas indican que junto a los ríos o quebradas primordiales  se encontraba trazada una ruta para usos ceremoniales con respecto al cerro sagrado (el volcán).   Y por el culto al agua. En septiembre se hacía la “fiesta de la Sítua”, que era un ritual para limpiar las enfermedades. Se quemaban todos los ajuares  y se echaban las cenizas   al río. El autor ha   comprobado este rito   en Pumapungo, Tomebamba, en su libro ‘Santuarios’. Para La Ronda de Quito no tenemos ese dato, pero en Cuenca existía en 1576 también una calle La Ronda que seguía el río Matadero  y que actualmente se llama av. 9 de Noviembre. La función de La Ronda de Quito  sería  servir de vigilancia y ritualidad a los pormenores de los asientos prehispánicos. Su forma curvada es otra indicación que fue reutilizada por los españoles como calle de estilo medieval que conectaba con un epicentro sin entrar a él. Aunque los mapas indican lo contrario, aun en 1888 y 1914,  subía marginalmente hasta la calle Imbabura. Los cambios modernos de la ciudad la siguen achicando hasta reducirse a dos tramos turísticos.  Pero el pueblo de Quito ha hecho de ella un tratado romántico con evocaciones de antaño. “La Ronda; nicho de cantores y poetas” es la crónica  de Fernando Jurado N.Muchos escritores como  Augusto Arias, Hugo Moncayo,Gracían, etc, dejaron su huella nostálgica. “Calle de La Ronda”: de inquietos faroles / portones oscuros con grandes candados/ serenatas dulces/ llenas de bemoles/ ventajas de rejas y grises tejados (Inty-Yan).

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