21 de octubre de 2014 16:04

Comercios luchan por sobrevivir a la agresiva sequía de California

Sequía en California.
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AFP
EE.UU.

El lago Huntington se ha convertido en una gran superficie de arena y piedras, un paisaje casi lunar roto por los muelles sin barcos y los pinos verdes de alrededor, que recuerdan los fuertes estragos de la sequía que vive California desde hace tres años.

“Este lugar está desapareciendo. Este verano (boreal) no ha habido agua en el lago y no hemos tenido barcos”, explica a la AFP Elaine Newton, que administra junto a su familia la empresa de alquiler de embarcaciones de recreo Ranchería.

Cientos de amantes de la vela y del esquí acuático vienen cada año a disfrutar de sus deportes favoritos en el lago Huntington, y de la tranquilidad que ofrece la naturaleza de este lugar.

Pero este año prácticamente no ha llovido ni nevado, lo que ha reducido a la mitad los ingresos de Ranchería. Ahora la empresa depende de las ventas de alimentos y material a aquellos excursionistas que vienen a acampar en su zona.

Los habitantes que viven cerca del lago, situado en el condado de Fresno, en el Valle Central de California, se preguntan angustiados si la sequía durará mucho más.

Newton confía en que su negocio sobrevivirá al próximo invierno (boreal), nieve o no, pero reconoce que su esposo y su cuñado no podrán trabajar en Ranchería, al igual que los seis empleados que han sido despedidos ante la falta de presupuesto para pagar los salarios.

Creatividad ante la desesperación

A un centenar de metros del lago Huntington está el Lakeshore Resort, otro negocio familiar con alojamiento, bar y supermercado también en crisis.

Alquilamos 27 bungalows, generalmente a personas que aman la vela. Este verano, como no ha habido agua, nos han anulado todas las reservas”, explica Amanda, que lleva la caja del complejo vacacional. 

Su propietario, Stephen Sherry, un montañero con barba blanca espesa y ojos azules, se ha visto obligado a pedir un préstamo para mantener abierta su empresa este otoño (boreal) y a descartar a 43 de los 60 empleados que suele tener en esta época del año.

Sin embargo, las dificultades no le impiden mantener el optimismo.

“Intentamos ser creativos. Hemos organizado carreras de 4x4 sobre las rocas del lago, concursos de cometas y castillos de arena. También queremos explotar el mundo de las bodas. Este es un lugar muy bonito para casarse”, explica.

En Porterville, una pequeña localidad situada en el Valle Central, Tom Barcellos suda la gota gorda para mantener fértiles sus campos agrícolas ante la falta de agua.

Su pozo está seco, como el de la mayoría de las casas y comercios de los alrededores. Ante la extrema situación, Barcellos ha tenido que dejar de regar el 25% de sus tierras este año.

“Nuestros ingresos han caído y encima hemos tenido que comprar más forraje para garantizar que nuestras 800 vacas tengan comida suficiente”, señala.

Además, “he gastado USD 150 000  para perforar un nuevo pozo” para que los animales puedan beber.

Barcellos no recuerda en sus 59 años una sequía tan dañina como ésta, y es que se trata de la peor del último siglo.

“Rezo por que llueva. Si esto no cambia, mi empresa no sobrevivirá”, afirma desesperado.

“Mucha gente pierde su empleo por la caída de la producción agrícola”, apunta el director de los servicios de emergencias del condado de Tulare, donde está Porterville, Andrew Lockman.

“Hay miles de árboles frutales que pueden morir, campos enteros sin riego”, agrega. Algunos agricultores se ven obligados a transportar agua en camiones cisterna desde otros estados a precio de oro.

“Esto crea un círculo vicioso para la economía regional”, afirma Lockman, quien espera cuantiosas pérdidas para la agricultura del condado de Tulare, acostumbrada a generar unos 7 800 millones de dólares anuales.

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