6 de July de 2009 00:00

Café Tacvba festejó su aniversario en Quito

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Redacción Cultura
cultura@elcomercio.com

Esta historia comienza   cuando cuatro -en ese entonces-  jóvenes estudiantes   comenzaron a reunirse  en el garaje de una casa  de    Ciudad Satélite, en las afueras de México D.F.
Dos décadas después -luego de haber obtenido todo el éxito que una  banda latinoamericana de rock  puede  ansiar-  la historia aún no tiene fin.  Al contrario,  parece hallar  siempre nuevos inicios, nuevos caminos.

El más reciente de esos rumbos es la gira titulada 20:20, 20  años de  carrera artística a través de  20 ciudades de todo el mundo. Quito fue escogida en el número 16.  Anoche  se cumplió el encuentro entre el  público  quiteño y los cuatro  -ya no tan- muchachos de Café Tacvba.  



Detalles del 20:20
La banda publicará  2 libros:  Uno trabajado por Rubén   y un viejo colaborador de la banda, Román Martínez. Se trata de   la historia gráfica de la banda.
El otro será   un libro biográfico  confeccionado  a través de conversaciones que la banda ha tenido con el escritor mexicano   Enrique Blanc.
También se prepara  una película documental    que abarcará espectáculos en escenarios de  Japón, Sudamérica, Estados Unidos y España.
La banda  está  receptando materiales gráficos  antiguos   en cafetacvba@live.com.El coliseo Rumiñahui lucía semilleno   en las partes asignadas a  la sección de general,  aunque en las partes de preferencia, sillas  y pista, todos los lugares estuvieron ocupados.  

La  banda  quiteña Can Can  saltó al escenario a las 20:15.  Tocaron cuatro temas de un pop  fresco, de fina elaboración, bien recibido  por el público.  Desde  las 20:40 hasta las 21:00 se produjo una espera para disponer los equipos  y realizar  pruebas. 

El show de los tacvbos  venía avalado por  exigentes  cartas de presentación.  Varios medios especializados, como la revista Rolling Stone (edición  argentina),  han juzgado  que 20:20 es uno de los mejores espectáculos  internacionales del  año.

Por ello las cinco pantallas dispuestas en orden descendente desde la izquierda,  junto con el   generoso instrumental  lumínico     crearon   expectativa.   

A las 21:00 la oscuridad se hizo de golpe  y miles de  gritos  saludaron esa penumbra como el inicio de un ritual.   Las siluetas de los  cuatro músicos (los acompaña también  Luis Ledezma en la batería,  aunque él no figura  en la nómina oficial) se dibujaron detrás de una débil  luz verdosa.

Un breve silencio se estableció en el recinto antes del atronador  rasgado de una guitarra eléctrica, luego de otra  y finalmente del bajo.   Las luces descubrieron   luego  las figuras de  los hermanos Joselo  y Quique Rangel (guitarra y bajo) y de Meme del Real (teclados). Con un estrépito se iluminó finalmente la silueta de Rubén Albarrán (el vocalista).

Cada uno fue a ubicarse delante de sendos  tambores dispuestos en la escena. El ritmo fuerte de esa percusión siguió en ascenso hasta que se empezaron a escuchar los acordes duros  del popular  tema El borrego.

Sin interrupción siguió  la versión  tacvbera de la balada No controles y,  luego, de Alarma.

La interpretación de los  temas  mostró la   estupenda condición física  y anímica de la banda. Esa  fuerza daba cuenta de que la  fórmula  creativa de mezclar rock con folclor latinoamericano sigue en perfecta vigencia. 

Rarotonga, ese clásico de sus  primeros años, puso un toque nostálgico en el repertorio. En tres horas de concierto los tacvbos  tocaron cerca de 30 temas, entre sus primeros éxitos, su nueva producción  y sus temas  románticos. Una muestra, además,  de que esa música mestiza, a medias   romántica a medias posmoderna,  es la  que los ha llevado  tan lejos y  ha hecho que, luego de 20 años, su historia  no tenga fin.

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