3 de octubre de 2015 00:00

La Cacería del Zorro, de Ibarra, una prueba para diestros jinetes y hábiles caballos

En Urcuquí, Hugo Pasquel, actual Zorro, entrenó los últimos seis meses a la yegua Persea Mystic. Foto: José Mafla/ El Comercio

En Urcuquí, Hugo Pasquel, actual Zorro, entrenó los últimos seis meses a la yegua Persea Mystic. Foto: José Mafla/ El Comercio

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José Luis Rosales

La yegua Persea Mystic al trotar parece flotar en el aire. Con esta pura sangre inglés, de 7 años, Hugo Pasquel Manosalvas intentará mantener su título de zorro hoy, 3 de octubre de 2015. 

En la ciudad de Ibarra, provincia de Imbabura, en el norte de Ecuador, se reedita, desde hace 43 años, la tradicional competencia hípica de la Cacería del Zorro. La prueba atrae a decenas de jinetes de varias provincias del país.

Pasquel prácticamente creció sobre los rocines. Nació en la capital de Imbabura, hace 24 años. Sin embargo, desde hace una década está al frente del criadero de caballos Vista Hermosa, de propiedad de su familia.

Por eso, el deportista también compite en torneos hípicos de galope campero, endurance y cross country, que se desarrollan en el país.

En la finca, ubicada en el cantón Urcuquí, al noroccidente de Ibarra, se crían jamelgos anglo-árabes. Esta es la especialidad. Al momento, hay 30 ejemplares entre madres y sementales, cuyos valores sobrepasan los USD 20 000, comenta uno de los cuidadores.

De todos, Persea Mystic es la mimada. Es una yegua, de pelaje de color chocolate, con un rombo blanco en la frente, que la adquirió en Lima, Perú. Mide 1,72 cm de altura. Con pasos briosos gira alrededor, en una pequeña cancha de césped, bajo la mirada de Pasquel.

La fama del animal entre los amantes de la hípica, la ganó hace un año cuando conducido por Hugo Pasquel, fue el más rápido en la persecución que se realiza en 2 km.

Esa vez participaron 90 jinetes en esta prueba de velocidad, que se realiza a las orillas de la laguna de Yahuarcocha. Con esa carrera y un desfile previo por las calles céntricas de la urbe se rinde homenaje anualmente a la Ciudad Blanca, por su aniversario de fundación española.

En el parque Pedro Moncayo, el Alcalde de Ibarra es el encargado de dar la salida simbólica a los competidores. Esta vez habrá seis categorías: infantil, juvenil, amateur, adultos, máster y élite.

Desde el año pasado, Pasquel luce el traje de color negro, con sombrero, capa y antifaz, similar al personaje de la televisión, que le identifica como el zorro élite. También lleva con celo, en la montura de su yegua, una atada de fibras parecidas a una cola de un animal.

Este distintivo le arrebató, en la edición 42, a Armando Pozo que no pudo retener la corona. Este caballista, de 18 años de edad, fue dueño del máximo galardón de esta competencia, en los últimos tres años consecutivos. Pozo obtuvo estos logros cabalgando a otro pura sangre inglés de nombre Mugthar.

La Cacería del Zorro congrega a centauros vestidos de chagras, con poncho y zamarro, charros, vaqueros y a jinetes profesionales.

Sin embargo, no todos arriban en caballos de finas razas. Según Miguel Mejía, coordinador de la Cacería del Zorro, el certamen también congrega a ejemplares mestizos y criollos. La pista está diseñada para potrillos bien entrenados.

La competencia exige la habilidad del corcel y la destreza del jinete. El duelo se cumple en aproximadamente 2 minutos y 30 segundos.

“A un caballo se le entrena todo el año para esta competencia. Un jinete debe tener la agilidad y practicar disciplinadamente para poder estar en la pista”.

En el caso de Persea Mystic tuvo un descanso de tres meses después de la exigente carrera del año anterior. Luego, Pasquel hizo a su animal una pre-temporada de 90 días y en el último semestre, los entrenamientos han sido a diario.

En la competencia ibarreña, los binomios, previamente, deben superar una ruta que cruza por montañas, quebradas, declives pronunciados, zanjas, antes de llegar a Yahuarcocha. “Solo los que superan los obstáculos naturales tienen derecho a participar en la persecución”, señala Mejía.

Hace 43 años se realizó la primera competencia. Hugo Serrano, ideólogo de esta tradición, en la que convergen el deporte hípico y la fiesta popular, comenta que la primera cita se realizó en el Rancho San Vicente, en Quito, en la década de 1960. Años más tarde, Serrano organizó la carrera en la capital imbabureña y logró que sea parte de la vida de la ciudad.

Cada edición, esta prueba hípica congrega a cientos de visitantes. Luis Carlos Ruiz, presidente de la Asociación de Hoteleros de Imbabura, aseguró que en los hoteles todavía hay habitaciones disponibles y esperan el arribo de turistas.

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