12 de julio de 2014 00:00

Los burdeles se asientan en más barrios residenciales de Quito

diego pallero / el comercio

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Javier Ortega. Redactor
jortega@elcomercio.com

Las luces de neón con siluetas de mujeres ya no se encienden. Afuera de los tres burdeles tampoco hay hombres que invitan a los clientes a pasar. Desde hace 15 días, las puertas permanecen cerradas. Hay sellos de clausura.

Los tres locales operaban a solo cinco metros de la sede sur de la Universidad Central, en el sector de El Recreo, una zona residencial de Quito.Esto ocurría pese a que la Ordenanza Municipal 308 lo prohíbe.

Los ‘night clubs’ no pueden funcionar a menos de 200 metros de las sedes académicas.

La ubicación de centros de tolerancia en sitios cercanos a viviendas o centros educativos es un fenómeno que la Intendencia de Pichincha ha detectado desde hace dos años.

Entre enero y mayo de este año, el ente de control ha cerrado 45 establecimientos en la capital. La mayoría estaba en zonas residenciales y trabajaba sin “mínimas medidas de seguridad”, señala Edwin Castelo, intendente de Pichincha.

En el Distrito hay unos 200 centros de diversión para adultos: 34 están agrupados en la Asociación de Burdeles de Quito y de ese número un 20% se asienta en los barrios.

¿Cómo explicar este nuevo comportamiento? Walter Congo es secretario de esa Asociación y trabaja en un local que está en el centro. Él asegura que quieren reubicarse, pero de forma ordenada. Plantea crear una zona exclusiva para agrupar estos negocios que están en toda la ciudad. “Si no hay un lugar, seguiremos con el juego del gato y el ratón”.

En la casa de citas donde labora Congo, unas cinco mujeres caminan ante la mirada de jóvenes. Es jueves y falta media hora para el mediodía. Durante el diálogo con este Diario, Congo asegura que la reubicación de las trabajadoras sexuales y de los ‘night clubs’ “es un problema que tiene la ciudad por más de 40 años”.

La Policía relaciona al menos siete delitos con ciertos centros de tolerancia que operan en Quito: las riñas, los robos y asaltos, el porte de drogas y de armas, los homicidios y la trata.

El mes pasado, cuando se clausuró uno de los burdeles en el sur de la ciudad, los agentes rescataron a una joven de 17 años. El Ministerio del Interior advirtió que “todo indica que la muchacha era obligada a prostituirse”.

En el 2013, seis personas murieron acribilladas en el interior de dos de los tres burdeles que funcionaban en El Recreo.
Los sellos violentados

La semana pasada, la Comisaría Cuarta cerró dos locales cerca del parque Italia, en el norte de la capital. Uno de ellos de “forma definitiva” y confiscó los bienes (jabas de cerveza, licores, colchones...).

En la Intendencia se advierte que esta es una medida para evitar que los propietarios vuelvan a abrir los negocios. Incluso se han remitido expedientes a la Fiscalía porque los sellos de clausura aparecen rotos y atienden otra vez. “Eso es desacato”, precisa Castelo.

Vecinos que viven cerca al parque Italia dicen que el miércoles en la noche dos hombres aún atraían a clientes a los locales, pese a haber sido cerrados.

Los dueños de los tres ‘night clubs’ de El Recreo también desobedecieron la Ley. En menos de 60 días, Intendencia pegó dos veces sellos de clausura.

En los operativos, las autoridades dicen haber detectado locales con cables colgados por el techo, habitaciones sucias y sin salidas de emergencia.

El Ministerio del Interior señala que los operativos en contra de los locales de diversión para adultos son parte de “una estrategia integral del Gobierno para fortalecer la convivencia social pacífica de los quiteños y de los ecuatorianos”.

Y añade que el objetivo es eliminar focos de riesgo delictivo que amenazan a zonas tradicionales y residenciales de la capital. Uno de esos barrios es la Quito Sur. Entre las pequeñas casas de colores vivos se levanta un inmueble de cuatro pisos. El edificio parece un fortín: la puerta principal y las ventanas están protegidas con rejas metálicas.

La noche del 20 de junio, 200 policías desplegaron un fuerte operativo en ese inmueble. Allí operaba el local Mama Tere. El burdel funcionó sin permisos durante los últimos 30 años, según el capitán Carlos Albán, jefe del circuito Solanda.

En el inmueble -revela el oficial- encontraron 30 trabajadoras sexuales, extranjeros indocumentados, un hombre con boleta de captura y dosis de marihuana y cocaína. “Era una casa. Ahí mismo vivía la dueña y su familia y era el ‘night club’.Es sorprendente que todavía se vea este tipo de cosas”.

La Policía investiga por qué en tres décadas “nadie hizo nada” por cerrar este negocio.

Aquella noche del 20 de junio, Castelo retiró el sistema de sonido y equipos desde donde se proyectaban películas pornográficas. Los bienes ascienden a unos USD 10 000.

El funcionario afirma que se ampara en el artículo 622 del Código Penal para decomisar los enseres. Para Albán, “difícilmente los dueños se van a arriesgar a invertir en equipos con el peligro de que otra vez se les incaute”.

La reubicación

Es mediodía del jueves, en la casa de citas donde trabaja Congo, Janeth y otro grupo de chicas almuerzan en un salón improvisado, contiguo al local. El menú es caldo de pollo, tallarín con carne o arroz con puré y pollo.

Janeth tiene 48 años y cuenta que las clausuras tienen un efecto inmediato: muchas mujeres salen a trabajar a las calles. “¿Qué quieren que hagamos? ¿Que nos paremos en la Marín y nos expongamos a que nos saquen un cuchillo o nos dejen ahorcadas en esos hoteles donde nadie controla la seguridad?”, cuestiona.

Ante esto, Juan Zapata, actual secretario de Seguridad del Municipio de Quito, asegura que la reubicación “es un concepto básico”, pero para eso “hay que llegar a un acuerdo con todos los sectores”.

Por ahora, los que se cambiarán de lugar son los alumnos y profesores de la extensión sur de la Universidad Central. Luis Buitrón coordina esa sede y relata que cada mañana esperaban alguna novedad de los tres burdeles cercanos que ahora están cerrados. “Aquí empezamos a laborar desde las 07:00. A primera hora encontramos, en dos ocasiones, charcos de sangre”.

Desde el próximo mes, esa sede se ubicará en El Beaterio. ¿El traslado ocurre por la presencia de los centros nocturnos? El docente reconoce que son “múltiples las causas, pero que haya burdeles cerca es una de las más fuertes”.

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