24 de July de 2009 00:00

El buen vivir

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Enrique Ayala Mora

La Constitución de Montecristi fue producto de un proceso en el que escasearon el conocimiento de los constituyentes, apoyo técnico, concepciones científicas, discusión amplia y verdadera participación social. Su texto es innecesariamente extenso, farragoso y contradictorio. Fue una oportunidad perdida para dictar una carta política verdaderamente revolucionaria, concisa y radical. Pero también contiene numerosos avances jurídicos e innovaciones institucionales. Sobre todo, hay que destacarlo, recobra el ámbito de lo público al cabo de décadas de predominio privatista.

Uno de los ejes de la Constitución es la búsqueda del ‘buen vivir’. Sobre el tema ha habido algún alboroto y muy poco debate. A muchos, incluso miembros de la Constituyente, les parece un mero enunciado o una novelería. Pero se trata, en realidad, de una cuestión seria. 

En las sociedades latinoamericanas se ha impuesto la idea de que debemos esforzarnos por ‘vivir mejor’, esto es, conseguir los estándares de bienestar de que gozan los países capitalistas avanzados. Esto implica, sin embargo, que sigamos el ritmo de abuso y desperdicio de los recursos, depredación del ambiente y un estilo de vida marcado por la competencia y la falta de solidaridad. Así, aceleraremos la destrucción del planeta, y perpetuaremos el predominio del capitalismo y sus injusticias.

En las raíces de nuestras tradiciones andinas, empero, hay otra forma de concebir la vida, como sostiene, entre otros, David Choquehuanca, uno de los ideólogos del proceso boliviano. No se trata de ‘vivir mejor’ en relación con culturas de desperdicio y sobreexplotación de los recursos que, pese a ello, no traen felicidad; sino de ‘vivir bien’, es decir, llevar una existencia digna, exenta de miseria, ejerciendo los derechos fundamentales, sin opulencia, sin angustias por la acumulación o la competencia. En otras palabras, buscar un estilo de vida sencillo y solidario en que se cubran las necesidades, sin tener como modelo lograr aquello que tienen las grandes potencias.

La Constitución establece el ‘buen vivir’ con los derechos e instituciones que permiten a los habitantes del Ecuador gozar efectivamente de los derechos humanos, vivir en armonía con sus semejantes y con la naturaleza, para que esta sea el hábitat de las presentes y futuras generaciones.

Se trata de una visión global, en la que hay una relación directa entre los derechos y el modelo de desarrollo. El conjunto de derechos e instituciones consta en la parte dogmática de la Constitución. En la parte orgánica, para garantizar su ejercicio y goce efectivo, se establecen mecanismos específicos.

Pero más allá de las normas, sería un gran paso si en la sociedad se desarrolla una cultura del ‘buen vivir’, como alternativa a la sociedad consumista y hedonista que ahora predomina.

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