13 de febrero del 2015 00:00

Brasil festeja el "Carnaval de la crisis"

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Por Diana Renée. DPA
Río de Janeiro

Escándalos de corrupción, inflación en aumento, estancamiento económico, crisis hídrica. Todos estos problemas que enfrentan hoy los brasileños se convertirán esta semana en tema de sátira y broma durante las celebraciones del carnaval, la más importante fiesta popular del país sudamericano.

La capital de los festejos es Río de Janeiro, no solo por el monumental desfile de las "escuelas de samba" de las noches del domingo y del lunes, sino también por los festejos callejeros que, según la alcaldía, se convirtieron en uno de los principales atractivos turísticos de la "ciudad maravillosa".

Según el ente municipal de turismo (Riotur), se espera que casi un millón de visitantes de Brasil y del exterior lleguen a Río para seguir la parada de las "escuelas de samba" y también participar en los desfiles de los "blocos" (comparsas carnavalescas) que recorren las calles de la ciudad arrastrando tras suyo a decenas -o hasta cientos- de miles de personas.

En estos festejos populares, abiertos a quienes deseen participar, queda evidente la creatividad de los cariocas para inventarse disfraces que hacen referencia a temas polémicos.

Entre las novedades de 2015 están las personas con uniformes de trabajadores de puestos de servicio, en una referencia al nombre del Operativo "Lava-Jato" (lavadero de autos) de la policía federal brasileña, que investiga un gigantesco escándalo de corrupción en la petrolera Petrobras.

La crisis hídrica, por otra parte, se convirtió en "puente" para conquistar mujeres para el carioca Evandro, quien sale a la calle con una toalla en la cintura y un cartel con una invitación a las muchachas: "Ahorremos agua. Duchémonos juntos".

Pese al buen humor de los brasileños, las crisis múltiples afectan este año a los festejos. Asociaciones comerciales de Río sostienen que el aumento de la inflación impactó negativamente la venta de prendas carnavalescas. Además, al menos 30 ciudades de los estados de Sao Paulo y Minas Gerais cancelaron los festejos de este año, a raíz de problemas económicos o de la crisis de escasez de agua que afecta la región sureste del país.

La crisis financiera afectó incluso al famoso desfile de las "escuelas de samba": grandes empresas, como Coca-Cola, desistieron este año de comprar lugares en los lujosos palcos del "Sambódromo", lo que obligó los dirigentes a ofrecerlos al público. "Esta es la primera vez en cinco años que, a días del Carnaval, todavía tenemos palcos en venta", admitió Heron Schneider, coordinador de ventas de la Liga Independiente de las Escuelas de Samba (Liesa) de Río.

Asimismo, los lugares antes reservados a empresas y a sus invitados "VIP" ahora están disponibles para cualquier brasileño o extranjero dispuesto a pagar hasta mil dólares para disfrutar por una noche de una visión privilegiada de la parada carnavalesca, con derecho a comida, bebida y aire acondicionado.

Es caro, pero el espectáculo es monumental: los 12 clubes de élite -con un promedio de 5 000 integrantes cada uno- invirtieron millones para conquistar el título presentando temas diversos, como Suiza -tema del actual campeón, Unidos da Tijuca- o el líder sudafricano Nelson Mandela, quien será homenajeado por Imperatriz Leopoldinense.

La fiesta gigantesca que paraliza a Brasil no es exclusiva de Río: las celebraciones multitudinarias también son la marca del carnaval en el noreste del país, en especial en las ciudades vecinas de Recife y Olinda y en la histórica Salvador de Bahía.

En las dos primeras, la multitud baila al ritmo local del "frevo", con sus pasos acrobáticos, mientras que en la capital del estado de Bahía el gran atractivo son los populares astros del "axé music" que se presentan sobre escenarios instalados sobre camiones que recorren las cuestas de la ciudad.

Pese a los tradicionales llamamientos de la Iglesia católica a que se respete el período de cuaresma, los festejos carnavalescos en varias ciudades suelen prolongarse hasta el Miércoles de Cenizas. Y Brasil recién vuelve a la vida normal el lunes siguiente, después de que todos se hayan recuperado de los muchos excesos de los días de celebración pagana.

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