11 de diciembre del 2015 00:00

Ofensas, vino en la cara, puñetazos: la crisis hace arder Brasilia

Protestas Brasil

Manifestantes sostienen un cartel donde se lee "no al golpe", durante una marcha organizada por movimientos sindicales a favor de Dilma Rousseff y en contra de su acusación formulada por el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha en Río de Janeiro. Foto: EFE

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Agencia DPA

Los ánimos están más que caldeados en Brasilia, con insultos, agresiones físicas y hasta un vaso de vino arrojado en la cara de un senador. Y es que dos de las tres principales autoridades del país enfrentan procesos de destitución: la presidenta Dilma Rousseff y el jefe de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha.

Cunha, que dio luz verde a la apertura del proceso contra Rousseff, enfrenta a su vez un proceso de impugnación de su mandato por las denuncias de la Fiscalía que lo vinculan con la corrupción en la estatal Petrobras.

El jefe de diputados, un político evangélico enemigo del Gobierno pese a que milita en el mayor partido de la coalición aliada, el PMDB, está en el centro del último exabrupto ocurrido en el Congreso Nacional, más específicamente en el Consejo de Ética de la Cámara Baja.

Ocurrió la mañana de ayer, 10 de diciembre, cuando Cunha, a través de maniobras catalogadas como "golpistas" por el oficialismo, logró aplazar por sexta vez consecutiva la sesión en la que se definirá si el proceso en su contra debe proseguir o no.

Los diputados Zé Geraldo, del gobernante Partido de los Trabajadores (PT) y Wellington Roberto, del Partido Republicano -aliado del Gobierno-, casi se toman a golpes de puño por una discusión en torno al registro de presencia en el panel electrónico.

Roberto es aliado de Cunha y enemigo del Ejecutivo, pese a que su partido integra la coalición oficialista. La sesión tuvo que ser suspendida por algunos minutos, durante los cuales intervinieron guardias de seguridad y otros parlamentarios para evitar que las agresiones fueran a mayores.

"El Consejo no puede ser un ring de lucha libre. Es un absurdo", lamentó el presidente del Consejo de Ética, José Carlos Araújo. La pelea ocurre un día después de otra tensa reunión del Consejo, en la que legisladores contrarios al jefe de Diputados intercambiaron insultos con lo que llaman la "tropa de choque" de Cunha. También hubo disturbios el martes, durante la votación de los miembros de la comisión especial de la Cámara Baja que definirá si el proceso contra Rousseff debe o no continuar.

La instalación de esa comisión, ahora suspendida hasta la semana que viene por una orden judicial, es el primer paso formal del proceso contra la mandataria. La decisión que se adopte en ese foro será sometida luego a votación en el Plenario de Diputados.

El día de la votación de los miembros de la comisión, legisladores oficialistas intentaron impedir que sus colegas votaran, hubo forcejeos y, según el portal "G1", del grupo Globo, 10 de las 14 urnas electrónicas fueron dañadas. El episodio requirió la intervención de agentes de la policía legislativa.

En la noche del miércoles tuvo lugar otro incidente embarazoso, que si bien partió de una broma que cayó mal, ajena a la política, involucra a aliados y detractores de Rousseff y Cunha. Fue durante una cena de confraternización entre políticos de diversos partidos, cuando la ministra de Agricultura, Kátia Abreu, del PMDB y férrea defensora de Rousseff, le arrojó un vaso de vino en el rostro del senador José Serra, del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). "He oído que tiene fama de ser muy enamoradiza", bromeó el senador, según asistentes a la cena citados por los diarios "O Globo" y "Folha de Sao Paulo".

"Respéteme que soy una mujer casada, y aún cuando era soltera, al contrario de usted, nunca traicioné", respondió la ministra, arrojándole a su interlocutor el vaso de bebida. El hecho fue confirmado por Abreu a través de su cuenta en Twitter. "(Serra) fue infeliz, irrespetuoso, arrogante y machista", escribió la ministra.

Si sigue siendo aplazado, el proceso contra Cunha quedará para el año que viene, puesto que el Congreso, salvo que se decida lo contrario, entrará en receso el próximo 21 de diciembre. El de Rousseff, ahora suspendido hasta la semana que viene, tiene un largo camino por delante. Esto recién comienza.

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