18 de mayo de 2018 00:00

Bono ayuda a enfrentar la pobreza en la frontera norte

Agentes con canes especializados en detectar explosivos recorrieron ayer las calles de San Lorenzo. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO

San Lorenzo es el cantón esmeraldeño en donde mayores transferencias del Bono de Desarrollo Humano variable se entregan al mes. Foto: Archivo / EL COMERCIO 

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Redacción El Comercio

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Esmeraldas está en el listado de las 10 provincias en donde más bonos de Desarrollo Humano se reciben. En el ‘ranking’ de más beneficiarios habilitados hasta abril, por el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES), no constan las otras de la zona 1: Sucumbíos, Carchi e Imbabura.

Guayas, Manabí y Los Ríos concentran el 38% de usuarios. En cuarto lugar aparece Esmeraldas. Esto pese a que en esas cuatro provincias de la frontera norte, en promedio 3,7 personas de cada 10 no acceden a los alimentos que se requieren para no ser considerados pobres por consumo.

El indicador establece que un individuo debe ingerir 2 141 kilocalorías por día para no estar dentro de esta categoría. Eso comprende tres comidas principales y dos ‘snacks’ cada día. Pero en Esmeraldas, por ejemplo, el 43% de su población consume menos.

Esa provincia tiene el mayor porcentaje de pobreza por consumo de la frontera norte, según la Encuesta de Condiciones de Vida 2014, del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

San Lorenzo es el cantón esmeraldeño en donde mayores transferencias del Bono de Desarrollo Humano variable se entregan al mes. El promedio es de USD 78,52, al menos un dólar más que en el resto.

En el país, desde diciembre del 2017, las familias con hijos menores de 5 años que cobran el bono obtienen USD de 24 a 30 al mes, del primero al tercero de esa edad. Si son chicos de 5 a 18, los valores adicionales van de USD 8 a 10.

Cecilia Cásares es una madre soltera que mantiene a sus cinco hijos con el bono. Tiene ingresos esporádicos por arreglar casas. Le pagan USD 15. Uno de sus hijos tiene una discapacidad visual.

Desde hace nueve años cobra el subsidio, que entrega el Gobierno por dos décadas. Cada vez que inicia el año escolar lo usa en la compra de una parte de los útiles. Pero en general le sirve para comprar arroz, huevos y aceite para ocho días.

Hace dos años tramitó un crédito por USD 580 (adelanto del bono), para montar un emprendimiento de venta de comidas típicas esmeraldeñas, pero cayó enferma y gastó parte de ese dinero en medicina.

Al igual que Esmeraldas, en las otras provincias de esta zona, Sucumbíos, Carchi, e Imbabura, el porcentaje de pobreza por consumo es también mayor a la media nacional, es decir supera el 25,8%.

En Imbabura, Sucumbíos y Carchi hay 9 082, 6 875 y 2 554 beneficiarios, respectivamente. Esto frente a los casi 66 000 que reciben el bono en Guayas.

En los últimos ocho años, en Esmeraldas ha disminuido el número de usuarios de subsidios estatales. En el 2010 había 72 673 beneficiarios de bonos de Desarrollo Humano, Adulto Mayor y de discapacidad. Y en el 2017 la cifra bajó a 46 366.

En el país se invierten USD 436 723 637 en esos bonos. De esa cifra, USD 19,1 millones son para la ‘Provincia Verde’.

Byron Villacís, exdirector del INEC, indica que el parámetro de pobreza por consumo se determina de forma independiente de cuánto dinero tiene una persona en su bolsillo. En el caso de la frontera, este indicador resulta más preciso, porque en estas áreas “los mercados son ausentes o poco desarrollados y no sirve de nada tener efectivo”.

Para Fernando Carrión, especialista en seguridad y estudioso de esa zona en la frontera, los porcentajes de pobreza por consumo en la frontera afectan de manera directa a la calidad de vida de su gente. Esto implica que las personas sufren de desnutrición, bajo rendimiento escolar o laboral.

Carrión menciona que, para mitigar este problema, el Estado debería estimular la producción en esta zona y entregar ayudas económicas diferenciadas, que apunten a impulsar emprendimientos colectivos o proyectos de desarrollo.

Al igual que Cecilia, Viviana Lastra, de 26 años, desde hace 10 años recibe el bono. También es soltera y mantiene a sus tres hijos sola, desde hace tres años, tras separarse de su esposo. En las tardes, cuando sus hijos regresan de la escuela, se dedica a pelar camarón y gana hasta USD 7, que le permite financiar parte de la alimentación de su familia.

Hace cuatro años intentó emprender un negocio con un crédito de USD 400 (adelanto del bono), destinado a la venta de agua en botellas en los alrededores de una escuela. Pero no funcionó.

Los datos hasta diciembre del 2017 confirman que el 94% de quienes reciben este subsidio mensual son mujeres, buena parte cabezas de familia, como Cecilia y Viviana.

Lastra habita en un barrio junto a la ribera del río Esmeraldas. Hace unos meses escuchó sobre el aumento del bono en función de la cantidad de niños, pero ella sigue recibiendo USD 50, pese a tener tres.

Las condiciones de vida de Cecilia Cáceres (40 años) y Viviana Lastra (26) no son las mejores. Ambas habitan con sus hijos en pequeños cuartos estrechos. En ese espacio apenas caben dos camas en un solo ambiente, una mesa plástica, cuatro sillas y una pequeña área para la cocina.

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