25 de septiembre de 2016 00:00

Josué no pierde las ganas de ser bombero

Josué Aizaga (izq.) sobrevivió al incendio forestal de Puembo del 2015. Tras ocho operaciones, él continúa en el curso de formación de oficiales, junto a sus 64 compañeros.

Josué Aizaga (izq.) sobrevivió al incendio forestal de Puembo del 2015. Tras ocho operaciones, él continúa en el curso de formación de oficiales, junto a sus 64 compañeros. Foto: Pavel Calahorrano / EL COMERCIO

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Mayra Pacheco

Experimentar el riesgo de perder la vida por combatir un incendio forestal no cambió los planes del cadete Josué Aizaga. A un año del siniestro en Puembo, donde resultó seriamente herido, este joven tiene sus metas claras. Es un sobreviviente que aspira a convertirse, pronto, en oficial del Cuerpo de Bomberos de Quito y a recuperar por completo su salud.

El 25 de septiembre, el cadete de 22 años hará una pausa en su rutina para viajar a Galveston, Texas, en Estados Unidos. Volverá al Shriners Hospital for Children, donde le salvaron la vida hace un año. Los pasajes correrán por cuenta del Cuerpo de Bomberos Quito.

Está previsto que el 28 de septiembre se someta a una cirugía láser. Con este procedimiento se busca atenuar las huellas que dejaron las quemaduras en parte de su cuerpo y rostro.

Esta será la novena cirugía a la que se someterá Josué durante el primer año después del incendio, menciona Jaime Gutiérrez, presidente de Shriners en Quito. Es un tratamiento complejo y largo. La meta es que este joven se recupere al 100% y vuelva a ser, en la medida de lo posible, como era antes de aquel suceso.

Las cicatrices que el fuego dejó en parte de su rostro, en sus manos, brazos, tronco y piernas no lo han limitado. Josué considera que esas máculas rosas que apenas se divisan en su nariz y cerca de sus ojos son parte de su historia. “Las vivencias que tuve se quedaron marcadas en mi cuerpo”.

Él no se siente diferente, tampoco muestra recelo al hablar del tema. Pese a que tuvo que reaprender a hacer cosas que ya dominaba. Tras permanecer un mes y medio acostado en una cama de hospital -sin moverse-, empezó a gatear, a caminar con ayuda, luego logró movilizarse por su propia cuenta y retomó sus clases.

Actualmente ya puede trotar, pero aún no corre ni realiza esfuerzos físicos mayores. Entiende que sus músculos están, nuevamente, en un proceso de desarrollo. Por eso se ha privado, incluso, de sus ‘hobbies’: explorar, ir de aventura, sentir al máximo la adrenalina.

Tras sufrir quemaduras de segundo y tercer grado en el 65% de su cuerpo en septiembre del 2015, médicos del Shriners Hospital for Children de Galveston, donde recibe atención, le realizaron injertos de piel. Se le hicieron trasplantes tomando tejidos de su cabeza, de las partes sanas del pecho, de sus muslos y de donaciones.

La nueva piel -excepto la de su cara- recibe un cuidado especial. Para evitar la formación de queloides (cicatrices gruesas) cubre sus manos con unos guantes negros de tela elástica. En el cuerpo debe usar unas piezas del mismo material.

En este viaje a Galveston espera recibir unas prendas más grandes, porque las que usa en la parte superior de su cuerpo ya no le quedan. Debido a los ejercicios que realiza, como parte del tratamiento de rehabilitación, su musculatura creció y ganó más peso.

Aquel Josué que a fines del 2015 llegó a pesar 56 kilos ya no existe. El cadete de ahora puede pasar inadvertido entre sus compañeros. Lo único que lo delata son los guantes negros, que no se saca ni cuando hace calor. Pero eso no le preocupa.

Su prioridad es ser parte de la institución bomberil formalmente. Antes de su incorporación, al igual que sus compañeros, debe completar el curso de formación de oficiales de bomberos que dura dos años. Para esto debe concluir el trabajo de vinculación comunitaria, presentar una monografía y aprobar unos cursos extras. En total, en el proceso se encuentran 65 cadetes, incluido Josué. Ellos ingresaron en enero del 2015, señala Héctor Jacho, encargado de la Escuela de Formación de Bomberos de Quito.

Josué no sabe todavía a qué área irá cuando se gradúe. Pero está tranquilo. Aunque aún no se ha vuelto a enfrentar al fuego, la experiencia de Puembo le dejó como lección que estar expuesto a la muerte es parte del oficio que él eligió.

En el incendio de Puembo sus compañeros Marco Bastidas, Jonathan Dionisio y Jonathan Nasimba no tuvieron su misma suerte. “Tuve la oportunidad de vivir”, dice Josué.

En esta etapa nueva de Josué, el Cuerpo de Bomberos está comprometido a ayudarlo. Él hace las fisioterapias en la institución. “Se le darán todas las facilidades hasta que reciba el alta médica”, enfatiza Juan Zapata, secretario de Seguridad.

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