4 de March de 2011 00:00

Baños de agua helada de su majestad

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Una lavacara, una piedra pómez, jabón negro y papel toalla son suficientes para que Su Majestad quede limpio.

¿Qué esperan los súbditos para hacer lo mismo? ¿Por qué se quejan de que se les va a quitar el calefón? ¿Qué tiene que ver el calefón con “los derechos humanos y la libertad”, como dicen los enemigos de la Re-evolución Ciudadana?

Sigamos el ejemplar ejemplo de Su Majestad presenciando cómo se baña cada madrugada antes de desayunar seco de chivo con jugo de borojó y café negro con dos bolones de verde.

A ver. Primero, se levanta a las cinco de la mañana, va al pequeño estudio de su humilde casita y se pone a leer los titulares de los periódicos más importantes del país: El Telégrafo y el PP.

Satisfecha su curiosidad mediática, pasa al estrecho baño de la vivienda unifamiliar, donde toma un pedazo de jabón negro, lo unta sobre la piedra pómez y se raspa todo el cuerpo.

Enjabonado como está, procede a llenar la lavacara con agua helada, venida directamente de Papallacta.

Luego, con sus poderosos brazos, levanta la pesada lavacara, le da la vuelta al aparato y derrama todo el contenido del líquido vital sobre su cuerpo.

¡Achachay!, dice recordando sus tiempos de boy scout en Zumbahua, pero, valiente como es, se seca con el papel toalla y listo.

¡Calefón? ¿Ducha eléctrica? Eso solo es para los pelucones...

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