26 de marzo de 2015 20:28

Una banda tenía sistema complejo para perpetrar secuestros exprés

Según los agentes, los sospechosos utilizaban vehículos amarillos tipo taxis para perpetrar los secuestros exprés. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO.

Según los agentes, los sospechosos utilizaban vehículos amarillos tipo taxis para perpetrar los secuestros exprés. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO.

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Javier Ortega

El seguimiento duró dos meses. En ese tiempo, agentes de la Policía Judicial de Quito (PJ) rastrearon a la organización delictiva liderada por dos cabecillas. Las investigaciones determinaron que los sospechosos coordinaban las reuniones previas al ataque en la Villa Flora, Rodrigo de Chávez y Chaguarquingo, tres sectores ubicados en el sur de la capital.

En esas reuniones planificaban los secuestros. Ordenaban a cada integrante de la banda su tarea para esa noche. Luego, el convoy de vehículos amarillos salía hacia la zona hotelera de la capital y a centros de diversión y restaurantes costosos.

Investigadores de la Policía que hablaron con EL COMERCIO revelan que el grupo operaba con cuatro autos, todos tipo taxi. El primero daba el servicio al usurario, en el segundo iban otros cuatro hombres, tres de ellos subían luego al primer carro para someter a la víctima.

En un tercer vehículo viajaban otros integrantes. Ellos se encargaban de tomar las tarjetas de crédito de los pasajeros y sacar el dinero en los cajeros.

El cuarto auto daba seguridad. Siempre iba distanciado del resto de la banda. Su tarea era interrumpir el tránsito que se pudiera generar en las vías.

De los testimonios que relataron las víctimas a los policías se pudo establecer la forma en que operaban: durante el recorrido, el supuesto taxista recogía los datos del pasajero. Miraba su vestimenta, el modelo de celular, si llevaba reloj o equipos tecnológicos (computadoras personales, tablets...).

“Se portaba amable como cualquier taxista. A las víctimas les preguntaban sobre su trabajo, su lugar de domicilio... Así se daba cuenta si tenía dinero”, comenta uno de los agentes que participó el 26 de marzo del 2015 en la desarticulación de esta presunta organización especializada en secuestros exprés en Quito.

Los sospechosos estructuraron un ingenioso y poco llamativo sistema de comunicación a través de las luces de los vehículos. El chofer que llevaba a la víctima encendía la luz lateral izquierda para alertar a sus compañeros que el usuario tenía dinero o bienes de valor.

La luz lateral derecha era la señal para que los integrantes del segundo auto ingresaran al taxi y atacaran al pasajero. Entonces iniciaba un largo recorrido por barrios de la ciudad que podía terminar pasada la medianoche. Esto les permitía hacer dos retiros de montos máximos en los cajeros.

La organización también manejaba una tercera señal: las luces de parqueo. Esta alerta significaba que la víctima no tenía dinero y el secuestro se caía.

Este modo de operar se repite en las 72 denuncias que recibieron los agentes de la PJ entre enero y marzo de este año.

La violencia que perpetraban durante el secuestro es otra característica de esta red delictiva. Rociaban gas pimienta a los pasajeros, los golpeaban hasta romperles la nariz, los labios o la frente y les pinchaban con destornilladores y cuchillos.

Los agentes indagan incluso si los ocho detenidos en el operativo del 26 de marzo del 2015 violaron a una chica que sufrió un asalto exprés en las últimas semanas.

Durante los dos meses que duraron los seguimientos, los investigadores colocaron puntos fijos de vigilancia cerca de las residencias de los sospechosos y en donde solían mantener las reuniones. “Fue complicado capturarles en delito flagrante. Estaban muy bien organizados. Si notaban algo raro enseguida los autos se dispersaban y el chofer llevaba al pasajero a su destino”.

Datos que maneja la PJ y que conoció este Diario dan cuenta que los sospechosos operaban solo en la noche y madrugada, entre las 22:00 y 02:00.

Uno de los investigadores señala que durante los seguimientos se pudo determinar que los sospechosos trabajaban como taxistas en la mañana. “Daban sus servicios como cualquier otra unidad”, precisa.

De la vigilancia en estos últimos dos meses, los uniformados detectaron que la presunta organización delictiva guardaban los vehículos en “dos puntos cruciales” del sur de Quito.

Ayer, en una rueda de prensa, Ramiro Ortega, jefe de la PJ de Quito, dijo que ninguno de estos taxis eran legales, pues usaban nombres de cooperativas ficticias. Los agentes reconocen que para los usuarios es difícil identificar estos autos.

Muchos pasajeros solo ven que la unidad sea amarilla para usarla. No se fijan en la placa naranja, en sellos municipales o cámaras de videovigilancia...

En contexto

En enero del 2015, la Policía capturó a seis presuntas organizaciones delictivas relacionadas con secuestros exprés en Quito, Guayaquil y Santo Domingo. Esa operación se desarrolló luego de tres meses de investigación y tras 120 denuncias de víctimas de este delito.

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