24 de enero del 2017 00:00

Banca y sector público fueron su antesala para la política

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Xavier Basantes
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El extitular del gobierno español José María Aznar (1996-2004) merece una consideración especial para el candidato de Creo-SUMA: en una visita oficial al país y cuando Guillermo Lasso ejerció la Gobernación del Guayas (1998-99) lo recibió en Guayaquil.

Tras ese encuentro surgió una amistad que conserva hasta hoy, incluso con su esposa María de Lourdes Alcívar (36 años de casado), ha visitado su hogar y han compartido gratos momentos con él y su cónyuge Ana Botella.

Esa relación le ha permitido afianzar sus tesis en temas de libertades, democracia, independencia de poderes, diálogo, respeto a los derechos humanos. Pero algo que destaca de su amigo español es la ‘revolución silenciosa’ que llevó a cabo en ese país, con la aplicación de reformas económicas y la generación de cinco millones de empleos. “El empleo es la mejor política social”, dice Lasso, quien ofrece un millón de empleos en cuatro años, si llega a Carondelet.

Guillermo Lasso, es guayaquileño y el último de 11 hermanos; comenzó a trabajar cuando tenía 16 años. A los 57 años se retiró de la Presidencia del Banco de Guayaquil. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Guillermo Lasso, es guayaquileño y el último de 11 hermanos; comenzó a trabajar cuando tenía 16 años. A los 57 años se retiró de la Presidencia del Banco de Guayaquil. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO


A la Gobernación llegó por invitación de Ana Lucía Armijos, ministra de Gobierno de Jamil Mahuad. La conoció en 1994, cuando fue -en representación de la banca privada- a una cita de la Junta Monetaria que ella presidía. Esa fue su primera incursión en un cargo público. Asegura que fue una tarea compleja, porque tuvo que lidiar con presiones políticas y económicas. Estas experiencias las relata en su libro ‘Cartas a mis hijos’ (2011), dedicado a sus cinco vástagos: Guillermo, Santiago, Emilio, Ma. de Lourdes y Ma. Mercedes.

Entre esas experiencias está la marcha de los ‘Crespones negros’ (1999), que organizaron empresarios -algunos sus amigos-, en contra de las medidas adoptadas por Mahuad tras el feriado bancario y como antesala de la dolarización.

Ante la presión social y económica que vivía el país por esos días, el expresidente lo designó Superministro de Economía. Aceptó, aunque después de 37 días renunció, por discrepancias en el tratamiento de la deuda externa: el Régimen optó por la moratoria, cuando su propuesta -dice- era buscar una renegociación. Los siguientes años se retiró de la gestión pública y se dedicó al Banco de Guayaquil.

El extitular de la Asociación de Bancos, César Robalino, destaca esa gestión y menciona los resultados financieros que logró la entidad hasta que dejó el banco (2012). “Ha sido un buen administrador y eficiente”. Lasso reconoce como un logro la creación del Banco del Barrio, en donde tuvo un mayor acercamiento con la gente pobre y emprendedora.

En el 2003 coordinó la visita del expresidente Lucio Gutiérrez a EE.UU. Allí se reunió con George W. Bush.

En el 2003 coordinó la visita del expresidente Lucio Gutiérrez a EE.UU. Allí se reunió con George W. Bush.

La siguiente incursión en círculos gubernamentales, de quien en su momento se dedicó a vender libros de Salvat fue con Lucio Gutiérrez. Él, tras ganar las elecciones del 2003 le propuso -en ocasiones diferentes- asumir dos carteras de Estado: Economía y Defensa.

No aceptó ninguna, pero optó por ser embajador itinerante para organizar la visita del mandatario a EE.UU. Con Nina Pacari, canciller; Mauricio Pozo, ministro de Economía; Antonio Tramontana, secretario de Comunicación y Lucio Gutiérrez, se reunieron con George W. Bush en febrero del 2003, en el Salón Oval. Tras esa reunión, Gutiérrez declaró que quería ser ‘el mejor aliado de EE.UU.’, lo que fue criticado.

En las credenciales de Lasso también figura su paso por la gestión local. Por una invitación del alcalde Jaime Nebot, se hizo cargo de la Terminal Terrestre de Guayaquil. Con la asesoría de la firma PriceWaterhouseCoopers llevó a cabo un plan que transformó esa terminal de pasajeros y que en el 2007 fue considerada una de las mejores de la región.

Las actuales condiciones políticas los ha distanciado, pero Lasso cree que Nebot sí es su amigo: “Claro que sí, y yo diría que es una amistad dormida. Ya habrá tiempo para volverla a despertar”. No cree tener enemigos, aunque sí “pueden haber enemistades”. A Rafael Correa no lo considera su enemigo, aunque el Presidente lo ha atacado por su rol de banquero tratando de endosarle responsabilidades por la crisis que se produjo a finales de los noventa.

No obstante, una de las primeras decisiones que adoptó Correa fue crear una Comisión que analizó esa crisis y las incidencias del Decreto 1492, que obligaba a la Corporación Financiera Nacional (CFN) a recibir papeles de los bancos para sanear deudas. En un principio esa instancia lo responsabilizó de haber sido uno de los beneficiados. Sin embargo, el presidenciable de Creo dice que fue él quien solicitó que esa Comisión lo recibiera y después de presentar documentos -afirma- se lo excluyó de cualquier responsabilidad.

Walter Spurrier cree que, en medio de una situación económica compleja, la experiencia financiera de Lasso le servirá para lograr acuerdos con los organismos multilaterales.

Católico y afín al Opus Dei, esta es su segunda participación electoral. En los comicios del 2013, el binomio lo completó Juan Carlos Solines; logró el segundo lugar con el 22,68% de los votos, después de Rafael Correa y Jorge Glas (57,17%).

Esa presencia le permitió conocer más la realidad del país, asegura el analista Francisco Rocha; pero añade que el no haber dado paso a un acuerdo con la llamada Unidad, mostró en él un exceso de personalismo, que es lo que el país ya no quiere ver en un mandatario. Según Rocha, otra muestra de que Lasso quiere acercarse a otros sectores es la propuesta pública que hizo a María Paula Romo, para que esté al frente de la Contraloría. “Es un comentario generoso al reconocer los méritos de otra persona”, señala la exconstituyente, que apoya a Paco Moncayo.

Escuchar música clásica, bailar salsa, disfrutar al volante de su BMW híbrido o jugar tenis en Samborondón son momentos que relajan a este empresario, que no le inquieta trabajar 15 horas al día, porque quiere tener el empleo de Presidente. Allí, dice, promoverá un Ecuador de libertades y con una economía en crecimiento.

Los pros y contras

Tener una visión del país desde la gestión privada y pública es un punto a su favor. Haber administrado un banco le permitió analizar el desempeño de todos los sectores económicos. Su trayectoria en la Gobernación del Guayas le ayudó a palpar la compleja tarea de la administración pública. A pesar de haber tomado distancia de quienes causaron la crisis de fines de los noventa, su rol de banquero indirectamente lo ubica en ese sector criticado, sobre todo, por el oficialismo.

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