30 de agosto de 2015 18:24

La baja marea deja al descubierto manjares marinos en Manta

La faena duró hasta las 15:00 cuando la marea empezó a subir. Foto: Patricio Ramos/ EL COMERCIO.

La faena duró hasta las 15:00 cuando la marea empezó a subir. Foto: Patricio Ramos/ EL COMERCIO.

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Patricio Ramos
Redactor (I)

La bajamar empezó desde las 07:00 de este 30 de agosto frente a las costas de Manabí. Ocurrió en el enclave marino San Mateo, suroeste de Manta. Allí, cuando la marea baja, deja al descubierto un playón de roca de dos kilómetros de longitud. Esa es la oportunidad que esperan dos veces al mes los habitantes de esta aldea de pescadores artesanales.

Cuando el mar se retira por siete horas, familiares enteras bajan desde sus viviendas hacia la playa de roca. Todos llegan equipados con varillas de monel (acero inoxidable) de 80 centímetros de largo. Las puntas de esas varillas están dobladas en forma de gancho. Eso les permite buscar entre las rocas el preciado pulpo y los calamares que se quedan en medio de las inmensas piedras.

Los pescadores de pulpo son niños, jóvenes, adultos y adultos mayores. Blanca Franco, a sus 78 años aún busca entre las rocas los apetecidos pulpos. La adulta mayor llegó al playón de roca desde las 07:00. Lleva en sus manos tres varillas. Camina despacio entre las rocas, apenas calza zapatillas plásticas. Sus movimientos son lentos, para evitar caer entre las resbaladizas rocas, que están cubiertas de algas.

A las 10:00 Blanca alza una de sus varillas, y comenta que apenas ha capturado un pulpo de media libra. “Los pocos pulpos están escurridizos, los busco y los busco y no los encuentro”. La adulta mayor y los pescadores de la zona creen que los temblores que se registraron hace dos semanas revolvieron el mar y alejaron a los pulpos y a los peces.

Junto a Blanca 50 personas se riegan entre las rocas. Los más jóvenes como Keylor Flores se van mar adentro. Llevan un snorquel (visor con tubo para respirar) para poder buscar pulpos dentro del agua. Mario R, a sus 12 años ayuda a la familia, él no ingresa al mar, en las rocas de protección entre la vía que conduce al poblado y la playa busca los preciados ostiones.

La actividad de los pescadores de pulpo se ha convertido en un atractivo para el turismo. Los viajeros que van rumbo a las playas del sur de Manabí, estacionan sus vehículos al filo de la vía y observan las faenas de pesca.

Zoila Navarrete, se dirigía desde Manta a playa Santa Marianita junto a sus tres hijos. “Nos llamo la atención ver que hacía la gente en la playa, saber que buscan mariscos entre las rocas era nuevo para mí” comentó Navarrete.

La faena duró hasta las 15:00 cuando la marea empezó a subir. Los pescadores entonces se retiraron y llevaron a sus casas el pulpo y los ostiones con los que preparan ceviches y arroz colorado.

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