12 de febrero de 2018 10:00

Bachilleres escogen las carreras sin datos sobre inserción laboral

Eduardo Zumárraga, docente de la Facultad de Administración de la U. Central, carrera que despierta mucho interés. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Eduardo Zumárraga, docente de la Facultad de Administración de la U. Central, carrera que despierta mucho interés. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

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Andrés García y
Mariela Rosero Ch.  (I)

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No hay datos consolidados de empleabilidad de graduados en las universidades públicas del país. Y quienes rinden los exámenes Ser Bachiller escogen a ciegas qué estudiar. Los testimonios muestran que alcanzar un cupo en la carrera deseada no lo es todo, ya que luego viene la fase más difícil: la búsqueda de trabajo.

Enfermería, Medicina, Admnistración de Empresas, Derecho, Ingeniería Civil, Psicología Clínica, Contabilidad, Odontología, Economía y Educación Inicial fueron las 10 carreras más demandadas, de entre 1315 disponibles, por quienes rindieron el segundo Ser Bachiller del 2017 (hay dos por año). Así lo dice la Secretaría de Educación Superior (Senescyt), con datos de las postulaciones de los bachilleres.

El examen permite acceder a instituciones de educación superior públicas. Buena parte del listado se ha repetido desde que se empezó a tomar el test (2012). Y esas profesiones también son las más buscadas en la universidad privada.

Este 2018, luego de la toma de este examen, el período de postulación a las carreras se iniciará el 7 de marzo. Se espera que unos 220 000 jóvenes busquen cupos. Eso significará 50 000 interesados más que e n el 2017, calcula Augusto Barrera, titular de Senescyt.

Hasta la última semana de este mes, los postulantes conocerán el puntaje, que les otorga más o menos opciones de acceder a una facultad.

Estibh Pullas, de 27 años, se preparó durante un lustro en Ciencias Económicas en la U. Central. Imaginaba un futuro prometedor. Pero tras un año y medio en el desempleo, ha confirmado que sus expectativas no estaban de acuerdo con la realidad del mercado.
Al ver que las oportunidades eran reducidas, Pullas optó por seguir una maestría en Diplomacia y Relaciones Internacionales. Su idea es especializarse y darle valor agregado a su perfil de economista.

La inserción laboral de los recién egresados, particularmente de los que siguieron las carreras más demandadas, tiene matices. Y, en buena parte de universidades, tanto públicas como privadas, el seguimiento a los graduados es abordado solo como un requisito de la Ley Orgánica de Educación Superior, del 2010.

Aún resta mucho por hacer para relacionar a los graduados con el ámbito laboral. Y eso es grave, afirma Enrique Santos, miembro académico del Consejo de Educación Superior (CES).

¿Por qué? Ni la universidad ni la empresa ni el bachiller reciben retroalimentación. Los alumnos que salen del colegio y sus padres no conocen si hay saturación en una profesión, si lo que se enseña guarda relación con lo que demanda el mercado o si es necesario hacer ajustes en las mallas.

En algunos centros privados ya cuentan con sistemas estructurados de bolsas de empleo, que facilitan el víncu­lo entre las empresas y los profesionales jóvenes. “En las universidades públicas se deberían replicar esas prácticas”.

En la Universidad San Francisco de Quito existe un Departamento de Contacto Empresarial, que ubica a sus graduados en el país o el extranjero cuando hay ofertas laborales. Los más buscados son de Administración de Empresas, Marketing, Finanzas, Economía, ingeniería, entre otras.

Pullas, economista de la Central, no oculta su decepción porque la falta de empleo afecta a su familia. Es el hijo mayor y a estas alturas debería haberse independizado, pero se mantiene en el hogar de sus padres con su hermana.

Stalin Ramírez, de 24 años, se graduó en Contabilidad y Auditoría en el último trimestre del 2017. Cuando va tras una vacante le reiteran que le falta experiencia laboral.

Mientras consigue un empleo realiza balances contables y declaraciones para empresas pequeñas. Los USD 80 que recibe al mes le sirven para solventar sus gastos personales y salir con amigos. Este no fue el escenario que tenía en mente, le habría gustado analizar los datos de empleabilidad antes de escoger su carrera.

El Colegio de Contadores de Pichincha tiene 20 000 afiliados. De ellos, al año renuevan su membrecía 7 000. Tampoco cuentan con estudios de inserción laboral de agremiados.

Este Diario solicitó cifras de inserción laboral de los egresados de la Central. Pero se pudo constatar que ni en esta, la segunda universidad que más alumnos acoge en el país, existe un seguimiento unificado a los graduados del último año.

De las 56 carreras, solo se entregaron datos de empleabilidad correspondientes a 20. Entre ellas del área de Salud e ingenierías. Ahora se busca implementar un mejor sistema de seguimiento. Y se afinan procesos para medir el porcentaje de empleabilidad de sus profesionales.

En la Facultad de Ciencias Administrativas, una de las que más demanda tiene, no disponen de datos sobre cuántos de sus graduados en el 2017 actualmente están empleados.

Francisco Garzón, decano, respondió que trabaja en la recopilación de esas cifras. Dice que la situación económica del país incide en la apertura de nuevas plazas laborales.

Las mallas curriculares de Administración de Empresas, Contabilidad y Auditoría y Administración Pública -adelantó- se revisarán e incluirán una visión de emprendimiento.

Hólger Capa es miembro del Consejo de Evaluación, Aseguramiento y Acreditación de la Calidad de la Educación Superior (Ceaaces). Dice que hay que mejorar la información de los titulados, para lo cual se deberían hacer alianzas con el Servicio de Rentas Internas o el IESS. Así se podría ver si los alumnos trabajan en áreas para las cuales estudiaron.

Santos espera que en el nuevo modelo de aseguramiento de la calidad del Ceaaces, el ­seguimiento a los graduados sea más completo.

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