5 de mayo de 2015 17:38

La ayuda humanitaria en un mundo bajo fuego

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Agencia IPS
Viena

Ante el creciente número de crisis que tienen lugar simultáneamente en el mundo, las organizaciones de ayuda humanitaria, muchas de las cuales ya alcanzaron su límite financiero y logístico, necesitan con urgencia una coordinación internacional.

Sentimos que chocamos contra la pared”, fueron las palabras que la secretaria general adjunta de Asuntos Humanitarios y vicecoordinadora para la Ayuda de Emergencias de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Kyung-Wha Kang, empleó para describir la situación.

Esa situación fue el tema del tercer Congreso Humanitario de Viena celebrado el 6 de este mes en la capital austríaca, con el lema “La ayuda humanitaria bajo fuego”.

“La ayuda humanitaria no es un acto de caridad. Es un derecho humano”, afirmó Annelies Vilim, directora de Responsabilidad Global, una alianza de organizaciones austríacas de desarrollo y ayuda humanitaria, en la inauguración del congreso.

En un mundo con numerosas guerras y lugares en conflicto, la cuestión de cómo llevar a cabo operaciones de ayuda que atiendan las necesidades de los destinatarios es cada vez más relevante, mientras que millones de personas necesitan esa asistencia humanitaria con desesperación, recordó Vilim.

Entre otros, el objetivo del congreso era visibilizar el trabajo humanitario y comprometer a quienes toman las decisiones, en todos los niveles, a valorar la importancia del mismo y de la cooperación.

Lamentablemente, la financiación es escasa y faltan estructuras claras. Los actuales aportes insuficientes están bajo la constante amenaza de los recortes presupuestarios.

Por ejemplo, Austria, el país anfitrión, no es una excepción. Un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos demostró que el gasto estatal que Viena le dedicó a la ayuda humanitaria en 2013 fue de apenas USD 1,4 por habitante, 20 veces menos que el monto que invirtió Suecia, un país de riqueza similar.

El mundo se enfrenta a transformaciones drásticas y la política no está a la par”, se quejó Yves Daccord, el director general del Comité Internacional de la Cruz Roja.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, puso en marcha una iniciativa, gestionada por la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, para celebrar la primera Cumbre Humanitaria Mundial en mayo de 2016, en Estambul.

Gobiernos, organizaciones humanitarias, personas afectadas por las crisis humanitarias y nuevos socios, incluso del sector privado, se reunirán en la ciudad turca para pensar soluciones y fijar una agenda para el futuro de la acción humanitaria.

Un tema que seguramente estará en la agenda es la seguridad del personal de las organizaciones humanitarias.

Dado que en las zonas afectadas por conflictos armados viven 1.500 millones de personas, “lamentablemente tendremos que ver más historias en los medios de comunicación acerca de los trabajadores humanitarios muertos en el cumplimiento del deber, de atrocidades cometidas contra civiles inocentes”, señaló Kang.

Solo en 2013 fueron atacadas, heridas o secuestradas 474 personas que realizaban tareas humanitarias, y 155 perdieron la vida.

Debido a estas circunstancias, Kang explicó que las organizaciones humanitarias están replanteando sus estrategias, especialmente en Siria e Iraq, con el fin de incluir en el diálogo a todas las partes interesadas y acceder a las personas necesitadas.

En lo que se considera un paso controvertido, esto también implicaría que, por el bien de la población civil, aquellas partes consideradas “terroristas” también deberían participar del diálogo. Los actores humanitarios legitiman esta actitud en la defensa de los principios de humanidad, neutralidad, imparcialidad y no discriminación con respecto a los beneficiarios, y en la independencia.

Se calcula que en la actualidad hay más de 30 conflictos armados en todo el mundo, 16 de ellos considerados guerras con más de 1 000 víctimas por año.

Aunque el Convenio de Ginebra de 1949 establece el principio de que la población civil debe ser protegida en los conflictos armados y las guerras y tiene derecho a la asistencia humanitaria, quienes realizan esta labor deben asumir grandes riesgos para acceder a las personas necesitadas y, más allá de su neutralidad, se están convirtiendo en objetivos bélicos.

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