12 de marzo de 2018 00:00

Entre el 2003 y el 2018, se han confiscado 17 naves con droga

El Ministerio del Interior informó que “se capturó a un ciudadano de nacionalidad mexicana”. Foto: Twitter Ministerio del Interior

La FAE rescató a dos mexicanos que se accidentaron en el sur de Guayaquil en una nave tipo Cessna, el 4 de marzo. Foto: Twitter Ministerio del Interior

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Redacción El Comercio

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Un angosto terreno de entre 300 y 500 metros de largo. Ese espacio es suficiente para que una aeronave aterrice, cargue los alijos de cocaína y despegue nuevamente.

A las mafias les toma menos de un día acondicionar una pista clandestina para el descenso de las avionetas ilegales. Del 2012 al 2015, las redes criminales vulneraban principalmente pistas asentadas en fincas privadas. En el 2016, la Policía reportó que los narcos disminuyeron sus operaciones aéreas. Pero desde el 2017 y este año Inteligencia policial ha detectado que para perpetrar los ilícitos los grupos vinculados con la droga intentan utilizar las playas desoladas de Manabí, Santa Elena o Esmeraldas para montar pistas escondidas. Sin embargo, han frenado a estos grupos.

De acuerdo a las investigaciones, los sospechosos han buscado zonas donde la marea está baja y sin piedras.

En los casos en que las avionetas sí han logrado salir con la droga, los agentes saben que esas cargas han estado camufladas entre matorrales o se encaletadas bajo tierra.

Además, se ha determinado que las redes ilícitas utilizan aeronaves tipo Cessna para el transporte de los estupefacientes. Estos aparatos pueden cargar hasta 700 kilos de peso y recorren la ruta Ecuador-México con una sola tanqueada de combustible.

También tienen la facilidad para descender en pistas cortas y de tierra, estas avionetas -de origen estadounidense- pueden volar a solo 500 metros de altitud, sobre zonas pobladas. Así evitan el control de los radares. Para aprovechar los espacios y llevar más droga, los pilotos incluso suelen deshacerse de los sillones o modifican las alas de las naves y crean más espacio para el combustible. A los narcos les toma de 7 a 15 minutos subir la cocaína, cargar gasolina y despegar.

La ruta siempre es desde el Pacífico ecuatoriano hacia países centroamericanos, como México y, desde allí, a EE.UU.

Los primeros reportes de avionetas de narcos en el país se dan a partir del 2003. Desde ese año hasta la actualidad, la Policía ha confiscado 17 aeronaves.

El suceso más reciente ocurrió el domingo, 4 de marzo. La FAE rescató a dos mexicanos que se accidentaron en el sur de Guayaquil en una nave tipo Cessna. Uno de los extranjeros había salido de la cárcel en octubre del 2017, tras cumplir 52 meses de prisión en Ecuador.

Inteligencia policial asegura que los narcos adulteran las placas de las naves para entorpecer los controles. Estos aparatos suelen ser adquiridos en EE.UU. por precios que van desde USD 200 000, si es un modelo de segunda mano, o hasta USD 600 000 si es nuevo.

Una vez que la avioneta llega al espacio aéreo mexicano y de no haber zonas apropiadas para el aterrizaje, los pilotos pueden lanzar los bloques de cocaína en sectores previamente pactados y bajo dominio de los carteles del narcotráfico.

Después, emisarios de estas mafias recogen los bultos y los llevan a otro lugar. Estos datos son corroborados por Ameripol, entidad que agrupa a las Policías de toda la región.

Reportes de Inteligencias advierten, además, que las mafias pagan más de USD 15 000 a los pilotos que se atreven a transportar los narcóticos. “Por lo general son pilotos jóvenes los que se arriesgan.

Las condiciones de vuelo son extremas. Viajan en la noche, con tanques de gasolina dentro de las avionetas”, dice un agente.Hace una semana, habitantes de poblados costeros de Esmeraldas dijeron a este Diario haber visto avionetas que sobrevuelan sus pueblos.

El contralmirante John Merlo, comandante de Operaciones Norte, asegura que en las recientes operaciones han detectado dos pistas en Eloy Alfaro y San Lorenzo. “Una de tercer orden y otra de segundo orden, con vía pavimentada, y estamos viendo por qué razón fue pavimentada. Son pistas de 1 000 metros a 1 200 m”.

Por ahora, los militares no han identificado a los propietarios de estas dos plataformas.

El general (r) Juan Carlos Barragán, exjefe nacional de Antinarcóticos, admite que no es “descabellado” que los narcos estén operando con esta modalidad. “Las avionetas no tienen ningún inconveniente para descender en una playa, para nada. Si lo hacen en la selva, sobre trochas abiertas y encima ponen tablas de guadúa, para aterrizar, ¿por qué no en las playas?”, se pregunta.

¿Hay un registro de las pistas privadas que operan en el país? ¿Para qué se las usa? ¿Cómo se las controla? La Dirección de Aviación Civil (DGAC) envió un reporte actualizado sobre este tema y menciona que en el país existen 450 pistas registradas legalmente.

Estas son usadas para tareas de fumigación, actividades deportivas y acciones comunitarias en la región amazónica.

Precisamente, datos de Inteligencia refieren que las plataformas utilizadas para esas tareas solían ser blanco de los carteles de la droga. En el 2013, por ejemplo, siete pistas de fincas privadas fueron vulneradas por los narcos.

En ese entonces, el Gobierno aseguró que destruiría las pistas privadas que no adoptaran “mínimos sistemas de control”. Cinco años después no hay información sobre eso.

Apesar de que el monitoreo del espacio aéreo es permanente, Ameripol revela que los pilotos “apagan la baliza o el transponder (un emisor electrónico de posición obligatorio) de la avioneta para ser indetectables”.

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