8 de January de 2010 00:00

Autoridades colombianas alarmadas por aumento de migrantes de África y Asia

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Bogotá, AFP

Exhaustos después de una travesía por barco, carreteras polvorientas y trochas selváticas, 70 africanos indocumentados aguardan en un coliseo del norte de Colombia la condición de refugiados pues prefieren morir a regresar a Eritrea y Somalia, de donde partieron hace un mes.

“A África no regresamos. Allá hay muchos problemas con la política y la religión. Nuestro sueño es llegar a América”, dijo Samy Kol, el único del grupo que habla español, en declaraciones a medios locales.

“Pagamos un alto precio por nuestro sueño, arriesgamos nuestras vidas y no descansaremos hasta cumplirlo”, añadió.

El caso ha llamado la atención de las autoridades sobre la posibilidad de que se abra una nueva ruta de tráfico de inmigrantes a través de Colombia. En 2009, más de 500 inmigrantes africanos y asiáticos indocumentados llegaron a este país.

“Los inmigrantes ilegales son víctimas y merecen toda la atención, respeto y asistencia de las autoridades colombianas. Pero detrás se esconde una red muy elaborada, que busca crear nexos con narcos locales por nuevas rutas”, dijo Felipe Muñoz, director del Departamento Administrativo de Seguridad  (DAS).

Según este funcionario, a cargo del control migratorio y labores de inteligencia, “las redes de tráfico de personas prefieren a Colombia por su privilegiada posición geoestratégica”.

“Colombia posee dos océanos (Atlántico y Pacífico) y desde ambos estas redes intentan alcanzar puertos centroamericanos para introducir migrantes a Estados Unidos”, señaló.

“También establecen contactos y dejan personas en el país para que sirvan de enlace con barones de la droga con quienes buscan cerrar negocios”, enfatizó.

Los africanos fueron hallados hace una semana abandonados en el mar Caribe colombiano cuando la embarcación en la que intentaban llegar a Nicaragua se averió. Enfermos y sin dinero, narraron a las autoridades migratorias que pagaron 5 000 dólares cada uno por viajar a territorio estadounidense.

Los inmigrantes fueron llevados por la Marina hasta la ciudad de Sincelejo, en la costa norte colombiana. Allí, fueron ubicados en un coliseo donde recibieron atención médica de urgencia, alimentos y ropa nueva.

Mientras la cancillería colombiana decide si les otorga la condición de refugiados, los africanos pasan los días jugando fútbol o leyendo la Biblia. Varios de ellos han dicho a delegados de la Oficina de Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados que desean trabajar en Colombia.

Para hacer frente a la situación, el DAS estableció patrullas móviles en varios puntos de su frontera con Venezuela, Perú, Ecuador y Brasil. Se ha determinado que muchos inmigrantes llegan a Buenaventura, principal puerto sobre el Pacífico, provenientes de Ecuador, Paraguay y Perú para intentar pasar desde allí a Estados Unidos.

De los 500 inmigrantes africanos y asiáticos cuyo ingreso a Colombia se detectó en 2009, la mayoría son oriundos de Somalia, Etiopía, Sudán, Benín, Zimbabwe, Costa de Marfil y Liberia, según la cancillería colombiana.

“No deja de resultar irónico que estas personas vengan a pedir refugio a Colombia, uno de los países con mayor índice de desplazamiento y solicitudes de asilo en otros países”, señaló, Jorge Rojas, director de la ONG Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (Codhes).

Hace un mes, la policía colombiana capturó a cuatro miembros de una red de tráfico de personas liderada por el etíope Johenes Elnefue Negussie, refugiado en territorio colombiano desde 2007. Esta red tenía filiales en las ciudades colombianas de Pasto (sur), y Cartagena y San Andrés (norte).

En 2009, las autoridades colombianas deportaron a 385 ciudadanos asiáticos y africanos, además de expulsar a 41 extranjeros, según cifras oficiales.

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