6 de January de 2010 00:00

La autopsia del niño ratificó un homicidio

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Olga Imbaquingo. Corresponsal en Nueva York

Todo encajó la madrugada del sábado en contra de Anthony Maldonado. Su tío Carlos Juela se fue a dormir a puerta cerrada, mientras Anthony, de 9 años, y tres familiares (Alejandro N. y sus dos hermanos) se quedaron en la sala entretenidos con el PlayStation.

A las 03:00,  los hermanos de Alejandro N. fueron a comprar comida, mientras Anthony seguía como el imbatible ganador de videojuego, frente a Alejandro, quien sufre  esquizofrenia.
En el silencio de la madrugada y sin testigos aparentes en el hacinado complejo de viviendas Morningside Heights de Harlem, en el norte de Manhattan, el pequeño fue apuñalado en el pecho con un cuchillo, el cual la Policía aún no ha encontrado.

A las 03:30, el menor golpeó la puerta de su tío pidiendo auxilio y cayó al piso. Una hora más tarde murió en el hospital Luke’s Roosevelt. A partir de entonces, el dolor y las lágrimas se derramaron entre los miembros de la familia Juela, de origen ecuatoriano.

La autopsia del niño se completó la noche del  lunes. Señala que el pequeño murió por las varias y profundas perforaciones que sufrió en su pulmón izquierdo y en la arteria carótida, según Ellen Borakove, vocera de la oficina Medical Examiner. Se determinó que fue un homicidio.

Alejandro N. fue detenido, como presunto responsable del crimen. “Le asestó una puñalada en el corazón y varios cortes en la cara”, dijo el abuelo del niño, Antonio Juela, quien vive en un departamento cercano.

La Policía investiga si en realidad no hubo testigos y las razones por las que se dejó al pequeño en compañía de una persona con un historial de violencia. Según el diario New York Post, hace dos semanas  Alejandro N. expresó a viva voz su deseo de “matar a alguien”, luego de ver la película de Sherlock Holmes en Time Square.

Esa es la versión de la madre de Alejandro N., Antonia, quien también está  destrozada y pide perdón a Dolores Juela, la mujer que ahora solo abraza el recuerdo de su pequeño Anthony, quien solía repetirle siempre: “Te quiero mucho, mami”.

Juela está en estado de conmoción y no logra articular palabras para describir cómo se siente, mientras en Internet la cuestionan  por dejar al niño en un lugar donde había un paciente con esquizofrenia. La explicación que ella da es que no sabía que en ese departamento vivía alguien con personalidad violenta.

Según Juela, quien se emplea en una peluquería, Anthony solía ir a visitar a su tío Carlos, quien convive con Antonia y los tres hijos de ella, en Harlem. Uno de ellos es Alejandro, quien tiene  un historial de agresiones. Según los récords policiales hay una docena de arrestos, por conducta disoluta, posesión de marihuana, acoso, robo y posesión de armas. Estuvo dos años preso por una condena de asalto.

El pequeño era velado anoche por sus familiares, amigos y vecinos en la funeraria Blackley de la avenida Henry, en Palisades Park, en New Jersey. “Como el niño nació en EE.UU., sus restos no serán enviados a Cuenca. Serán enterrados  en el cementerio del pueblo Hackensack.

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