20 de April de 2011 00:00

Autocensura

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La libertad de prensa en el Ecuador está en peligro. Está siendo amordazada y violada. No me refiero solamente a la cuarta pregunta de la consulta popular –la cual autoriza la creación de un Consejo de Regulación que “norme” el contenido” de los medios- sino a las recientes acciones que vienen gestándose desde el sumo poder.

La iniciativa de enjuiciar a Emilio Palacio y a los directivos del diario El Universo por USD 80 millones y tres años de prisión por haber afectado a la “honra”, “fama” y “buen” nombre del Presidente es descabellada. En grave atentado contra la libertad de pensamiento y expresión.

De hoy en adelante, cualquier periodista o persona común y corriente que ose poner en cuestión la majestad presidencial tendrá como destino el pago de exorbitantes sumas de dinero o snzan a tomar forma.

La salida para estar a salvo es clara: no pensar, no expresarse y no criticar. Lo mejor es acomodarse a la situación. Autocensurarse.

Que la ciudadanía recurra preferiblemente al monopolio de los medios del Estado. Que siga escuchando ‘spots’ publicitarios donde solo se habla de lo maravilloso que es su gran líder y de lo que hace para salvar a la Nación. Que los pobres se conformen con el bono, la clase media mantenga su estatus usufructuando de una nueva modalidad de bono de la pobreza (cargos públicos a costa de callar y perder la dignidad) y, que los nuevos ricos sigan haciendo grandes negocios con el Estado -aunque los procesos hayan sido poco transparentes- o se vayan a Miami. Disculpen. La tendencia ahora es Bélgica.

¿Dónde quedaron los principios y derechos humanos si eso ahora no sirve para nada? En esta situación de opresión política y avasallamiento mental una cosa es importante: obediencia.

Esa cosa llamada “democracia” parece que nunca caló en la sociedad. No queremos saber de ella ni tampoco nos importa. Por eso la palabra libertad es algo hueco, vacío, ausente. Es algo que está en una cima, en una plaza o en un himno. Es adorno. Historia. Tras la comodidad y silencio cómplice de todos se escucha un sonido. El sonido de las cadenas.

Sí, llegó la época de la autocensura, del miedo y la opresión. No hay lugar para la pluralidad peor para las disonancias. Solo existe una sola voz, una sola verdad.

En esta coyuntura crítica que vive el Ecuador manifiesto mi inconformidad. No solo por la inminente pérdida de las libertades sino porque me molesta callar, autocensurarme. Hecho sin precedentes para quienes hacemos periodismo libre de opinión.

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