5 de December de 2009 00:00

Los ausentes

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Rubén Darío Buitrón

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En la vorágine del debate sobre  el proyecto de Ley de Comunicación,  los panelistas  aseguramos que la  lucha no es por interés propio, sino por la  defensa del derecho ciudadano a la  información.

Pero, ¿en verdad es así? ¿A nombre de quiénes  hablamos?  ¿Tenemos  autoridad moral  para invocar el nombre de los ciudadanos? ¿“La gente” participa activamente en la agenda noticiosa? Me parece que el quid del asunto es ese: la representatividad.

Por eso supongo que a millones de los que pretendemos reflejar les resultará poco creíble  que, en ciertos  momentos de la confrontación teórica e ideológica, unos y otros nos atribuyamos  la legitimidad de la  vocería ciudadana.

¿Realmente hablamos a nombre de la sociedad? ¿Cómo estamos seguros que la sociedad siente que nuestros planteamientos los representan?

Empecemos por esta reflexión: culpar a los demás por nuestros errores y vacíos parece el atajo más fácil para eludir responsabilidades. Y culpar a los demás por las deficiencias del periodismo ecuatoriano es una actitud poco ética y poco autocrítica.

Catedráticos universitarios que llegan a los debates suelen plantear que ellos hacen bien su trabajo en las aulas con los futuros periodistas, pero que estos se deforman ideológica y profesionalmente al entrar en el juego del poder mediático. Del otro lado, algunos  directivos y editores de las empresas informativas lamentan los enormes vacíos teóricos y prácticos de los nuevos periodistas cuando estos se enfrentan al rigor  del proceso  informativo.

¿Y el argumento del poder político? No hace falta insistir en desnudar el  discurso  que pretende persuadirnos de  que “el único interés del Gobierno es velar porque los ciudadanos no sean víctimas de la prensa corrupta”. Las intenciones oficialistas de silenciar al periodismo crítico son tan evidentes que ya no vale la pena abundar en ello.

Por eso, además de denunciar el nefasto objetivo gubernamental de   controlar el pensamiento e impedir el libre flujo de las ideas, lo que debe preocuparnos a quienes  no  pertenecemos a al populismo de izquierda es la poca  presencia ciudadana en el debate sobre la ley y en la construcción de la agenda informativa cotidiana.

En el apasionamiento de la confrontación y en el cruce de estigmatizaciones y prejuicios, el peor riesgo es que  olvidemos que el objetivo final  de nuestro trabajo no son el ombliguismo ni  el autismo.

Si de cualquier manera la ley inquisidora se nos viene encima, ¿qué tal si la academia y los periodistas empezamos, ahora mismo, a trabajar juntos por una pedagogía mediática que ponga fin a la ausencia de representación ciudadana en la prensa nacional?

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