17 de marzo de 2018 00:00

La atención a niños de 0 a 3 años aún no se universaliza

Los niños del Centro de Desarrollo Infantil La Planada, en el norte de Quito, se alistan para la hora de la siesta. Foto: Diego Pallero / ELCOMERCIO

Los niños del Centro de Desarrollo Infantil La Planada, en el norte de Quito, se alistan para la hora de la siesta. Foto: Diego Pallero / ELCOMERCIO

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Valeria Heredia

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Ariel, de 3 años, es un niño diferente desde que ingresó al Centro de Desarrollo Infantil Quito Sur: activo, mejor alimentado y sonriente.

Tiene amigos y quiere mucho a sus ‘profes’, como llama a las 10 pedagogas que lo acompañan a diario.Esta personalidad no afloraba cuando se quedaba con sus abuelos. Incluso no seguía sus indicaciones. Ellos lo cuidaban y eso era de gran ayuda para Stalyn Pérez, padre soltero e ingeniero agrónomo subempleado. Pero él buscaba algo más para su hijo: estimulación, que aprenda a relacionarse...

Esa opción la encontró en los Centros de Desarrollo Infantil (CDI), originalmente nombrados Centros Infantiles del Buen Vivir (CIBV) en el gobierno anterior. Controles de salud, alimentación y actividades lúdicas son parte de la jornada en las 2 016 unidades, según los datos nacionales del Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES).

En estos centros se acogió, hasta el mes pasado, a 88 783 niños y niñas de 1 a 3 años. Y bajo el programa Creciendo con Nuestros Hijos (CNH) -modalidad de visitas en casa- se atiende a otros 199 174 infantes de 0 a 3 años.

Si se compara con los 400 353 chicos (dato aproximado) en situación de pobreza y extrema pobreza se observa que la cobertura es del 72%, considerando la proyección de población del INEC y del sistema de información MIES.

Para Manuel Martínez, del Pacto por la Niñez, en primera infancia aún hay brechas que no se han cubierto en estos años, lo que no sucede con educación Básica, donde ya se habla de universalización.

En el 2012 se declaró al desarrollo infantil como una política pública, prioritaria y obligatoria. Un año después se inauguraba en Quito el primer CIBV. Estos centros trabajan bajo una administración directa del MIES, pero también con fundaciones o gobiernos seccionales, por convenio.

El país lleva décadas aplicando programas para los primeros años de vida. Antes, el exministerio de Bienestar Social y el Instituto Nacional del Niño y la Familia pusieron en práctica programas como ORI y FODI. Entonces había madres comunitarias; ahora hay parvularias y pedagogas.

El centro infantil de Ariel tiene un acuerdo con Fundación Tierra Nueva. Ambos acogen a 98 niños en situación de pobreza y extrema pobreza.

Los padres de quienes acuden a estos centros son comerciantes autónomos, empleadas domésticas, amas de casa o desempleados. Dejan a los niños de 07:00 a 16:00.

Pérez hace consultorías independientes para empresas. Yadira Pillajo, madre de Mikel, de 2 años, vende ensaladas de frutas en las calles de Quito.

La jornada de Ariel y Mikel comienza con la alimentación. En los CDI se sirven cuatro de las cinco comidas que requiere un niño sano. Es decir, desayuno, almuerzo y dos refrigerios.
Una alimentación equilibrada y saludable para un niño de 0 a 3 años contiene 1 170 calorías diarias, según la OMS. Los CDI cubren el 75% y el 25% restante, la familia .

Pese a ello, el MIES aún no puede hablar de cero desnutrición en estos centros. En octubre del 2017 se realizó el último control médico y las cifras revelaron que el 20,1% de niños presentó desnutrición crónica o baja talla para su edad.

Al comparar con los datos nacionales, se concluye que la desnutrición crónica en esos centros es inferior a la que refleja la Encuesta de Condiciones de Vida -levantada por el INEC- que alcanzó al 23,9% en niños de menos de 3 años.

En el CDI La Planada, norte de Quito, 16% de niños sufre desnutrición. Tienen 4 centímetros menos que la talla promedio. Para Erika Quesada, directora, se requiere compromiso de la familia.

La semana pasada, por ejemplo, almorzaron locro de habas, arroz con fideo y pollo y jugo de melón. Las frutas y las verduras no faltan en su dieta.

En los CDI de zonas rurales, la desnutrición llega al 40%. Cotopaxi, Chimborazo, Bolívar (Sierra Centro) y Santa Elena (Costa) son afectadas por este mal, según Lucía van Isschot, titular de la Dirección de Servicios de los CDI.

Los planes para combatir la desnutrición se incluyen en la nueva visión de los CDI, que se presenta bajo el paraguas de Misión Ternura. Es decir, el trabajo con el niño, su familia y su entorno físico desde la concepción. Del 2013 a ahora -dice Van Isschot- se han construido 79 centros modernos.

Hoy, la apuesta es llegar a las localidades con altos índices de pobreza y extrema pobreza.

En la conocida prueba PISA les va mejor a chicos de países desarrollados que pasaron por esos centros. La razón: “Los primeros años son la base para el desarrollo del aprendizaje. Invertir en esa etapa deja dividendos a largo plazo en los más marginados”, dice la OCDE, organizadora del test.

Si Ariel o Mikel vivieran en una zona rural no desarrollarían su motricidad fina con mullos o legos sino desgranando choclos. Esa es la idea que se baraja para los centros rurales: trabajar con el entorno.

María Luz Turriaga, docente de la UDLA, cree que esto ayudará al desarrollo de la inteligencia cognitiva, numérica, artística, emocional y corporal.

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