19 de November de 2014 21:57

Las artesanías tsáchilas tienen su propia marca en el mercado

Elyssa Vaca, Mayte Zavala y Jackeline Bravo utilizan artesanías de las omunas tsáchilas. Foto: Juan Carlos Pérez / EL COMERCIO

Elyssa Vaca, Mayte Zavala y Jackeline Bravo utilizan artesanías de las omunas tsáchilas. Foto: Juan Carlos Pérez / EL COMERCIO

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Ivette Viña. Redactora

Hilos de colores fuertes son entrelazados en un telar en la comuna Otongo Mapalí, en Santo Domingo de los Tsáchilas. Allí, Lorena Aguavil confecciona los bereques (cinturones típicos).

En Otongo Mapalí y en el resto de comunas tsáchilas, la ropa y accesorios típicos de la nacionalidad se comercializan desde hace más de 5 años. En cada una de las comunidades se conformaron grupos de entre 10 y 15 mujeres dedicadas a la confección y venta de vestimenta y accesorios típicos. Estas prendas tienen su propia marca y son una tendencia dentro de la región.

Por ejemplo, la marca de accesorios Tolón Pelé, fabricada por 14 mujeres del proyecto comunitario del mismo nombre, en la comuna Chigüilpe, es muestra del talento de los artesanos de la etnia. Estas emprendedoras fabrican y expenden alrededor de 30 artículos semanalmente. Entre su oferta constan cintillos, aretes, pulseras, collares, cinturones, bolsos, faldas...

Otras marcas de artesanías que se ofertan son Tsafiki, Mapalí, Tsáchila y Colorados. Sus productos son vendidos dentro de los proyectos turísticos de cada comuna, a los turistas nacionales y extranjeros.

El promedio de venta de cada iniciativa es de entre 20 y 30 artículos semanalmente.

Según la representante del proyecto comunitario Tolón Pelé, Albertina Calazacón, la fabricación de artículos inspirados en el pueblo tsáchila tiene varios beneficios. “Por un lado, no dejamos que la costumbre de portar y confeccionar prendas tradicionales muera y creamos fuentes de trabajo. Además, al incluir prendas tsáchilas dentro de los gustos de moda permitimos que la gente conozca más de nuestras tradiciones ancestrales”.

La bisabuela de Lorena Aguavil solía decir que “la naturaleza tenía vida propia y por ello cuando una semilla o árbol se secaba los tsáchilas tenían que honrarla”. Su forma de enaltecerla fue convertir los restos de esta vegetación en artesanías.

Las semillas y los troncos secos de la zona son los materiales utilizados en la bisutería típica. Pedazos de pambil y chonta y platanillo son parte de sus creaciones.

“Estas prendas y accesorios se diferencian de las demás porque tienen identidad. En la actualidad es común adquirir ropa o collares que las empresas fabrican en masa. Al comprar algo de las marcas tsáchilas sabes que recibes un producto personalizado”, sostiene Karen Román, asidua compradora de artesanías.

Marlon Calazacón, poné (chamán) tsáchila, asegura que cada artículo cuenta con un empoderamiento energético que protege y limpia el aura de la persona que lo porta.

Los costos de los productos son variados. Hay collares que van desde USD 1 hasta conjuntos de aretes y pulseras por 15. La elaboración de una de sus obras en material vegetal o artificial requiere de un día a una semana, dependiendo del accesorio o prenda.

Alrededor de 20 nativas perfeccionaron su técnica de confección en el Servicio Ecuatoriano de Capacitación Profesional (Secap).
La sede provincial de la entidad abrió en el 2012 un curso de Elaboración de Artesanía Tsáchila. La capacitación les permitió fusionar sus mecanismos autóctonos con prácticas de seguridad ocupacional y mayores criterios de conservación ambiental.

En contexto

Según la tradición de la nacional Tsáchila, las artesanías eran utilizadas para protegerse de los malos espíritus y también como adorno y parte de su vestimenta típica. Los habitantes de la comunidad utilizan técnicas tradicionales en su fabricación.

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