9 de julio de 2016 00:00

La historia del pueblo Tigua se cuenta en coloridos lienzos y artesanías

La forma de la tradicional chacana (cruz indígena) es uno de los soportes.

La forma de la tradicional chacana (cruz indígena) es uno de los soportes. Foto: Pavel Calahorrano / EL COMERCIO

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Yadira Trujillo
Redactora (F - Contenido Intercultural)

El proceso de transición del arte de Tigua se expone en dos de las salas del Museo Etnohistórico de Artesanías del Ecuador (Mindalae) .

Desde tambores hasta accesorios caseros son parte de los trabajos realizados por artesanos de Cotopaxi, que se pueden adquirir como legado de la cultura ecuatoriana para la decoración del hogar.

Aunque es en esa provincia, en la zona de Tigua, donde se origina esta práctica y se asienta la mayoría de los creadores de este arte, la migración indígena los ha llevado hasta Pujilí, Latacunga e, incluso, al sur de Quito.

Según los datos con los que cuenta el museo, el origen del arte de Tigua está entre las décadas de los 60 y 70. Sin embargo, el historiador Galo Ramón dice que luego de estudiar la iconografía, se estableció que en la pintura se plasman formas geométricas, propias del período precolombino y formas figurativas, características de la época colonial.

Además del colorido que los indígenas de Cotopaxi exponen en estas artesanías, el paso del tiempo es una característica esencial, una importante manifestación ancestral y de la identidad de estos pueblos, indica Daniela Castillo, coordinadora del Mindalae.

“La pintura ha evolucionado tanto por el elemento sobre el que se trabaja como por lo que se representa a través de ella”. El primer soporte del arte de Tigua -explica- fue el tambor, como elemento que representa una importante tradición: las fiestas populares.

En el museo está disponible un ejemplar de pintura de Tigua sobre un tambor de cuero. El segundo soporte fue uno plano: primero los cuadros sin marco y, después, a los que se les incorporó uno. A partir de este también se notó diferencias en la técnica artística.

La mayoría de los artistas dicen que empezaron a pintar desde niños. Uno de ellos es Humberto Chugchilán, de 59 años, quien expone uno de los trabajos que hizo a los 15. Además de las fiestas populares, con el paso de las décadas, se plasmaron otras temáticas en las pinturas, explica Castillo. “Se representaron paisajes y actividades tradicionales de los pueblos indígenas como la siembra, la cosecha y la ganadería”.

Estas actividades se muestran en cuadros que pueden costar desde USD 30 hasta más de USD 200. En un tercer momento de la historia del arte de Tigua (década de los 80) se integran los mitos y las tradiciones a los cuadros. Entre ellos destacan el Mito del Cóndor Enamorado y la fiesta del Corpus Christi con sus danzantes. Un ejemplar de esta fiesta cuesta unos
USD 55, según los detalles.

En la exposición también se evidencia lo que sucedió ya en la década de los 90, con el arte de Tigua: se incorporan las relaciones sociales y políticas de los pueblos indígenas con el entorno urbano.

La temática con más cuadros de este momento de la evolución, que se pueden adquirir en el Mindalae, es la que refiere a los diferentes levantamientos indígenas.

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