2 de November de 2009 00:00

El arte cobra vida en el cementerio de Guayaquil

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Redacción Guayaquil

El   nicho 3023 es el más antiguo del Cementerio General de Guayaquil. Allí están los restos de  Juana Rosa Julia Correa y Pareja. La pequeña murió  el 13 de noviembre de 1831. Tenía solo 18 meses de edad.



Una campaña

El mantenimiento  general está a cargo de la Junta de Beneficencia, administradora del Cementerio General. Sin embargo, los mausoleos son  responsabilidad de  familiares o herederos.
La Junta ha   iniciado una campaña para que   familiares o herederos realicen el   mantenimiento y no se deteriore este patrimonio de la ciudad y del país. La Junta no dispone de recursos.“Yo os ruego, no remováis sus cenizas queridas”, es la frase final con la que los padres piden respeto a su dolor y a los restos de su pequeña.

Para que el mensaje perdure en  el tiempo, decidieron inscribirlo en una lápida de mármol. Esa es una de las características de ese material.

El nicho de Juana Correa y Pareja está   en el sector de         la puerta tres, donde el mármol tiene su protagonismo. Esculturas y mausoleos están construidos con  este material, en especial con uno de los más cotizados, el de Carrara, población del noroeste de Italia.

Ángeles de cuerpo entero, querubines, bustos de los fallecidos, lápidas, ataúdes, capillas  y mausoleos completos fueron construidos con este material. Su color blanco se destaca en el entorno.

Como cuenta Roberto Wong, jefe administrativo del Cementerio General, el auge de   estas   construcciones  está relacionado con la consolidación de una clase económica vinculada con el llamado ‘boom’ cacaotero y con otras actividades comerciales.

Ello permitió que, inicialmente, se encargue estos trabajos funerarios  a escultores europeos, principalmente italianos y franceses. Incluso, algunos residieron en el país.

Así, los nombres de Enrico Pacciani, Luigi Milani, Carlos Bartoli, Francesco Muccerdini, Emilio Soro, Macaferri, Mario Gerardi, Pablo Russo, Capurro   y Bosetti se inscribieron en la historia de este camposanto y también de  la arquitectura de la ciudad.

De ellos, sin duda,  Pacciani es el de mayor incidencia. En el Cementerio General,  construyó los  mausoleos de las  familias Burbano y  Rodhe-Ortiz, las capillas de la familia Calero-Briones y Pérez Perasso, entre otros.

El monumento funerario de Víctor Emilio Estrada es el que más se destaca. Se trata de un  hemiciclo de 14 columnas  con capiteles   corintios. Cada una está hecha  en un solo bloque de mármol   de Carrara. En el centro está  una urna de bronce  que guarda los restos de Estrada y de su esposa.

En esta área se destacan los  estilos   neoclásico, gótico, barroco, renacentista y modernista. Estas construcciones ocupan una superficie de 1,5 hectáreas que corresponden a la parte declarada patrimonio nacional. Esto ocurrió en octubre de 2003. Otros dos cementerios patrimoniados son el de Quito y el de Cuenca.

Lo patrimonial también viene por el valor  histórico de este camposanto. Aquí yacen  próceres  de la Independencia, ex presidentes, historiadores, poetas, escritores, filántropos que marcaron la historia de Guayaquil y del país.

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