7 de December de 2009 00:00

Arroyo cambió a la ‘AKD’ en 30 minutos y el Dep. Quito logró su cuarta corona

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Pablo Campos.  Quito

Es bajito (mide 1,67 m) y no es tan musculoso como el resto de sus compañeros.  Es tímido y habla casi a los susurros. Su ídolo máximo es Bob Marley, el ícono del reggae, y su admiración es tal que se tatuó su imagen en el hombro derecho. En la vuelta olímpica del Deportivo Quito mostraba orgulloso la imagen a las cámaras fotográficas.  



Dep. Quito

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Dep. Cuenca La música de Marley lo acompaña en las concentraciones y en los viajes previos a los partidos.  La tarde del sábado también lo acompañó antes de la final ante Deportivo Cuenca. La música -según él  ha confesado- también lo ayudó en  los momentos difíciles, como en 2007, cuando fue suspendido seis meses por consumo de marihuana.
 
Así es Michael Arroyo, la estrella del bicampeón, quien participó en los tres goles de la victoria del Quito (habilitó en  el tanto de Daniel Mina y marcó los otros dos). Todo esto en tan solo 30 minutos, los últimos del partido.

Arroyo reemplazó al inexpresivo Mauricio Donoso  y su presencia en la cancha le hizo bien al fútbol y a la final del torneo. Antes de su ingreso, a los chullas les faltaba claridad y contundencia en los últimos metros.  El Cuenca en cambio, era un equipo optimista, que peleaba por la posesión del balón, aunque siempre fallaba en el remate final en el arco chulla.



La figura
Michael Arroyo hizo dos de los tres tantos
El volante guayaquileño posibilitó el tanto de Daniel Mina y marcó los dos restantes en la victoria azulgrana. Su presencia en la cancha fue fundamental en el segundo tiempo. Fue aplaudido al final del partido por la hinchada.El partido era  aburrido, pero  Arroyo le dio otro matiz. A los 70’ colocó  un centro en la cabeza a Mina para conseguir el primer tanto y cuatro minutos  después junto a Luis Fernando  Saritama dieron cátedra de cómo contragolpear y  definió el 2-0.

La fiesta iniciaba para los chullas. En las repletas gradas del Atahualpa ya se acariciaba la corona.

Entonces vino la corajeada del Cuenca que terminó el partido jugando con tres atacantes: Ismael Villalba, Édison Preciado y el brasileño Rodrigo Teixeira. Sin embargo, lamentó la expulsión de Hólger Matamoros, el eje de los ataques cuencanos.

La final del torneo se volvió abierta, emocionante, impredecible. Y mucho más cuando los remates de Preciado y de Villalba tocaron las redes del arco  de Jheovany Ibarra. El partido se ponía 2-2  y si bien al Quito le convenía el resultado para lograr el título, en el estadio reinaba el silencio  por la remontada cuencana.

 Arroyo, la figura de la noche, y uno de los ases de Rubén Insúa en esta temporada volvió a aparecer.    Los goles siempre son el condimento del fútbol y la mejor manera de celebrar la corona era  con una victoria.  Entonces Arroyo, el  volante del bajo perfil, regaló un golazo a la hinchada con una de sus especialidades: los remates de tiro libre, una de las jugadas que más practica en  los entrenamientos en el complejo de Carcelén.



La contrafigura
Rodrigo Teixeira pasó inadvertido  en El Batán
El delantero brasileño quiso, pero no pudo. Se movió en el ataque, aunque nunca generó una opción clara para vulnerar el arco de Jheovani Ibarra. Su equipo dependía de su participación para generar peligro.El fútbol reivindicó al jugador, que llegó en esta temporada al cuadro chulla, pedido por Insúa. Por ello, en las celebraciones, Arroyo siempre buscó el abrazo de su técnico y de su asistente Luis Roberto Oste. En la Plaza del Teatro y en el complejo de Carcelén es el tiempo de las sonrisas. Es más han preferido olvidarse los éxitos de su clásico rival Liga

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