2 de January de 2010 00:00

Arriates, islas que decoran el verde

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Redacción Construir 

En esencia, explica el ingeniero Eduardo Gallegos, un arriate no es sino un parterre con plantas de adorno. De hecho, continúa el agrónomo, arriate proviene del árabe ‘arriadh’, que significa vergel o vergeles. Es una zona del jardín que se planta para ser vista desde uno o varios lados, pero no desde todos.

La jardinera Alba Escobar  dice que existe una gran variedad de arriates, dependiendo de las especies de las que se componen, de la altura que alcanzan y del propósito con que se crean. Junto a la caminería, a las paredes o en una jardinera se pueden hacer ribetes y bordes.

Los arriates son, generalmente, de forma rectangular, alargados y estrechos y con un fondo de muro o seto. El arriate puede ser exclusivamente de plantas anuales o combinarse con otras flores (perennes y bulbosas) o también con arbustos.

Para diseñar un arriate, explica Gallegos, es necesario realizar un análisis previo del clima, el tipo de suelo y las características del lugar donde se va a colocar.

Por eso, se observa en los arriates quiteños y de los valles aledaños algunas especies comunes: escanceles amarillos y rojos, ficus amarillos y blancos, cactus serruchos y sampedros, lechuguines de varios colores, bambúes, yucas, helechos, geranios... y hasta fosforitos multicolores. Las portulacas y amapolas no son raras.

Detrás de los arriates, explica Gallegos, queda muy bien un fondo de setos verdes; de coníferas, por ejemplo: tuya, tejo, ciprés o de arbustos como los bambúes, bojs o espárragos. También funciona una reja con hiedra.

Para un buen  riego influye la calidad del suelo, el tamaño del arriate y el clima; para saber la cantidad agua y la periodicidad de riego, hay que experimentar.

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