26 de July de 2009 00:00

Arjona hizo cantar a miles en Quito

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Redacción  Cultura 

Si es un poeta o no.  Si es que  lo que canta es  o no poesía, no le interesa a Juan Pablo   Zaldumbide, de 23 años. Le gusta  y ya.  Y del mismo modo,  espontáneo pero acérrimo, les gusta Arjona a las más de 18 000  (según cifras de Team Producciones) personas que asistieron al concierto que dio en Quito.



Letra y música

El concierto recorrió la mayoría de las canciones más  populares de Arjona como La historia del taxi, Si el norte fuera el sur, El  problema o Minutos.
A las 22:45 se produjo la primera despedida del artista. Por insistencia del público  volvió para interpretar Sin daños a  terceros y Pingüinos en la cama. Luego, a las 23:00, terminó  su interpretación  con  Mujeres.
Hoy se presenta  en el estadio Serrano Aguilar de  Cuenca y el  30 de julio cantará en Miami.La noche del viernes pasado, el estadio Olímpico Atahualpa estuvo casi repleto por una  avalancha de fans. La gira Quinto piso del artista guatemalteco presentaba su segundo capítulo   en Ecuador, luego del concierto del  miércoles pasado en Guayaquil.

Zaldumbide llegó junto con   dos primos  y  tres amigos, y compartían  una expectativa común: escuchar  la canción A ti.   “Es que  hay razones personales que mejor  no   sería de publicar”, dijo entre risueño  y melancólico  el joven  aficionado de Arjona.

Esa sensación,   como de pérdida emocional   y  exaltación interior, marcó el clima   musical de la  noche.  El  monumental trabajo escenográfico contribuía a esa primera impresión:  un escenario que emulaba una esquina de  alguna ciudad grande, con un café, una  peluquería, un restaurante  y un edificio de departamentos. 

A las 20:35  el estadio se quedó en penumbra  y los miles de fanáticos elevaron sus gritos al  cielo como en una especie de ritual masivo que reclamaban las letras sencillas  y cotidianas  y las melodías  pegajosas  del artista.  Cuando   el fraseo de los  instrumentos permitió reconocer  la canción  Acompáñame a estar solo, el  público  estalló en una ovación.

Arjona emergió  desde debajo del escenario vestido con una chaqueta negra, un buzo blanco con capucha y  una media cola en el cabello que le daban un aspecto desenfadado y fresco.   Enseguida interpretó uno de sus éxitos más conocidos Realmente no estoy tan solo, al que siguieron   Desnuda,  Sin ti sin mí y Quinto  piso, que da nombre a la gira.

Este primer bloque terminó  con un saludo formal del artista que  fue el mismo que usó en Guayaquil:  “Hace cuánto que no nos vemos”.  Entre las ovaciones entregadas de la concurrencia el artista  se esbozó alegremente una teoría  propia: “Muchos estamos jodidos. Pero no es tan malo estar jodido en  ciertas circunstancias”.

Muchas de las letras de las canciones de Arjona, en efecto, recrean estados de ánimo en los que  la gente  se siente jodida, como él mismo dice.   A las 22:00, por ejemplo, luego de  casi una hora  y media de concierto,  el cantante  realizó un apunte escénico que  graficó esos estados. “Como cuando uno se sienta frente a la computadora  y empieza a teclear algo como esto: Te conozco/ desde el pelo/ hasta la punta de los pies”.

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