25 de agosto de 2015 17:45

Cuestionados comicios en Tucumán desnudan lo peor de la política argentina

Miles de personas se manifiestaron  delante de la casa de gobierno en Tucumán, al norte de Argentina, el 24 de agosto 2015 contra un presunto fraude electoral. Foto: AFP

Miles de personas se manifiestaron delante de la casa de gobierno en Tucumán, al norte de Argentina, el 24 de agosto 2015 contra un presunto fraude electoral. Foto: AFP

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Agencia EFE
Natalia Kidd

Los controvertidos comicios en la norteña provincia argentina de Tucumán, con denuncias de fraude electoral que terminaron en una manifestación de protesta reprimida por la policía, han puesto al desnudo lo peor de la política del país, que en dos meses elegirá nuevo presidente.

Irregularidades, fraude, quema de 42 urnas de votación y reparto de alimentos a cambio de votos están en el centro de las denuncias formuladas por la oposición sobre las elecciones a gobernador realizadas el pasado domingo 23 de agosto en Tucumán, el sexto mayor distrito electoral de Argentina.

El recuento provisional de la elección, que se interrumpió el lunes con el 81,5 % de las mesas contabilizadas, atribuye el 54,4 % de los votos al candidato del oficialista Frente para la Victoria, Juan Manzur, 14 puntos más que su principal rival, José Cano, de la alianza opositora Acuerdo para el Bicentenario.

A los incidentes registrados el mismo día de la elección se sumaron en la noche del lunes serios disturbios cuando la policía reprimió violentamente una multitudinaria protesta en el centro de la capital provincial, San Miguel de Tucumán, que dejó como saldo una decena de heridos.

La controversia en los comicios tucumanos se suma a las polémicas registradas en otras citas del maratónico calendario electoral que atraviesa Argentina en 2015, como el presunto robo de papeletas y votos no contabilizados en las primarias de la provincia de Buenos Aires o el estrecho margen que dio la Gobernación al socialismo en Santa Fe.

Cuando restan casi dos meses para los comicios presidenciales, el escándalo en Tucumán se convirtió en tema de campaña a nivel nacional.

El principal postulante presidencial de la oposición, el conservador y actual alcalde de Buenos Aires, Mauricio Macri, hace tiempo reclama cambios para modernizar el sistema electoral mediante el voto electrónico.

Macri aseguró que en Tucumán, donde el peronismo gobierna desde 1999, hay "un sistema electoral basado en tratar de corromper el resultado".

Por su parte, el candidato a presidente por el oficialismo y actual gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, propuso llevar el tema al Parlamento, para que allí se debata una "modernización del sistema de voto".

Para el analista Patricio Giusto, de la consultora Diagnóstico Político, reformar el sistema electoral sería "un gran paso", pero "no va a resolver el problema".

El experto recordó que el sistema político argentino tuvo su momento de "euforia" tras el retorno del país a la democracia, en 1983, luego de una cruenta dictadura militar.

En aquellos años había una aceptación generalizada de la idea de que con la democracia, por el solo hecho de que se celebrasen elecciones, se podían resolver todos los problemas sociales, económicos y políticos.

Una ilusión que duró hasta la crisis de finales de 2001, cuando el entonces presidente Fernando de la Rúa tuvo que abandonar anticipadamente el poder en medio de protestas masivas al grito de "que se vayan todos".

"Una de las cosas que implosionó en esa crisis fue el sistema de partidos políticos. Es la semilla del grave problema que tenemos hoy y que tiene que ver con una cultura política que se arraiga en el cordón urbano de la ciudad de Buenos Aires y en el interior del país, a la sombra de gobiernos peronistas", sostuvo Giusto en diálogo con Efe.

El analista dijo que muchas provincias funcionan como "feudos", gobernados por varios mandatos por familias poderosas, que dominan medios de prensa, el Poder Judicial y las legislaturas provinciales y que tejen un "descomunal sistema clientelar" por el que utilizan el poder del Estado para comprar voluntades.

"En Tucumán esa cultura ya está arraigada y es aceptada por la mayoría de la gente. Y los que salen a la calle son las clases medias, que no soportan más esto, ante la apatía y la indiferencia del resto, que sigue tolerando esto que les parece normal", afirmó Giusto. 

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