5 de diciembre de 2016 00:00

El apoyo privado en 27 planes ahorraría USD 3 mil millones

Los convenios público-privados permitirán al Municipio diseñar una urbe más funcional, moderna y sustentable, como sugiere Hábitat III. Foto: Patricio Teran / EL COMERCIO

Los convenios público-privados permitirán al Municipio diseñar una urbe más funcional, moderna y sustentable, como sugiere Hábitat III. Foto: Patricio Teran / EL COMERCIO

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Evelyn Jácome

Tiene la virtud de dar al gobierno local la posibilidad de construir vías, ampliar carreteras y tener un ostentoso desarrollo de la infraestructura, pese a estar en época de recesión.

La actual administración municipal de Quito le apuesta a la alianza público-privada como una estrategia que ayudará a mantener la economía a flote en los próximos años. 
La meta es ambiciosa: ahorrar más de USD 3 000 millones con un modelo de desarrollo económico que vaya de la mano con el sector privado.


El modelo de alianza público-privado no es nuevo. Consiste en lograr la participación de pequeñas, medianas y grandes industrias, tanto nacionales como extranjeras, en distintos proyectos de obra pública.
 En la situación económica actual –de evidente recesión– los recursos de las entidades públicas son limitados, por lo que el contar con el financiamiento del sector privado es crucial, según Álvaro Maldonado, secretario de Desarrollo Productivo y Competitividad del Distrito.

Para ello deberá seducir al inversionista. 
Según un informe de la Agencia de Atracción de Inversiones, de enero a abril de este año, Quito registró una inversión de USD 375 millones, es decir un 67% más que el valor logrado en ese mismo período del 2015. El 81,9% de la inversión fue en minas y canteras. Seguido por industrias manufactureras (7,4%), comercio (2,9%) y construcción(2,5%).

El país que más invirtió en ese período fue Holanda, seguido por España.
 La alianza busca incrementar drásticamente la inversión y encaminarla hacia el sector público, por lo que debe tratarse de un negocio rentable y tener, a corto o largo plazo, la recuperación del capital invertido y una retribución.


La figura es esa: la empresa privada invierte y se hacen concesiones a un período definido mediante el cobro de un peaje, un pasaje o alguna remuneración. Además, se comparten riesgos.
Para Maldonado, una de las principales ventajas es que, sin tener que invertir en esas obras, los recursos públicos pueden ser mejor canalizados a áreas sociales, a la educación, vivienda...


Los primeros pasos están dados. En el Quito Invest, el primer foro de atracción de inversores, realizado en mayo, se reunieron a más de 1 000 inversionistas, entre ellos más de 60 empresas extranjeras, de 11 países, principalmente de Estados Unidos, Canadá, España, China, Colombia y Perú. Se dio un mensaje de confianza y se analizaron los incentivos para los inversionistas, como exenciones tributarias.


Allí se presentó un portafolio con 27 proyectos relacionados con sostenibilidad, movilidad y turismo, entre ellos, la construcción de corredores periféricos y una planta de tratamiento de agua.
Maldonado asistió además, hace tres meses a una cumbre mundial de inversionistas y desarrollo de ciudades en Nueva York, y la semana pasada fue el congreso mundial de alianzas público-privadas en Toronto.

Allí se presentó el portafolio. Hasta ahora se han recibido 160 cartas de interés: un documento serio que viene acompañado de solvencia económica. Está por iniciarse un proceso de licitación.
Cada inversionista interesado recibió material con información, una ficha por cada proyecto con descripción, ubicación, por qué se lo va a hacer, inversión estimada e indicadores financieros.

Esperan poder inaugurar en los próximos dos años al menos la mitad de los proyectos.
 Las alianzas público-privadas son para Patricio Alarcón, presidente de la Federación de Cámaras de Quito, a la que pertenecen unas 8 000 empresas, el futuro de la ciudad. Explica que otra de las ventajas de esa figura es que genera fuentes de trabajo.

Para ello, es importante que se use mano de obra e insumos locales. Muchas veces esas alianzas hacen que se traiga mano de obra de otros países y eso debe evitarse, dice. Esa dinámica es clave, sobre todo si se toma en cuenta que el comercio en el primer semestre decreció alrededor de 4 puntos.
La propuesta es tentadora para Marco Carrión, presidente de la Cámara de la Pequeña Industria de Pichincha, a la que pertenecen 1 200 empresas a nivel de provincia. Asegura que el 95% de las empresas son productoras, y están abiertas a trabajar con el Municipio.

“Contamos con cientos de compañías que podrían, por ejemplo, trabajar en la creación de partes y piezas para el Quito cables”. 
Esa figura ha tenido excelentes resultados en otros países. Rosario Márquez, presidenta de la Cámara de Comercio e Industria Luso Colombiana, asegura que en Portugal se trabaja con el concepto de alianzas público-privadas desde hace 15 años.

Gracias a eso se construyeron las redes de carreteras. Es clave, dice, que el Estado dé garantías mínimas para que sea rentable.
 Ese tipo de alianzas, según el director del Observatorio Fiscal, explica que una de las desventajas es que el precio de las obras públicas podría sobredimensionarse para que la rentabilidad sea excesiva.
 Para él, esta alianza es una alternativa obligada, tomando en cuenta que Ecuador tiene un ciclo de escasez que será largo, y durará al menos hasta el 2021.

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